martes, 25 de agosto de 2020

Manga y mundo clásico: la pequeña diosa que quería una madre

En julio os mencioné por primera vez Olympus no Pollon, el manga en el que Hideo Azuma nos cuenta las aventuras de una diosa muy traviesa que pone el Olimpo patas arriba. Esta pequeña enciclopedia de mitos clásicos es un muy buen ejemplo de cómo los mangakas han conseguido adaptar a la suya una cultura totalmente ajena, como ya os mencioné. Hideo Azuma consigue que la mitología grecolatina se vuelva cercana a sus lectores, unos lectores que no tienen por qué conocerla, a través del humor y la utilización de elementos propios de la cultura japonesa.

Realmente, hay muchas cosas que podrían decirse de Olympus no Pollon, tantas que no caben en una única entrada. Por eso, hoy voy a centrarme en el episodio de Apolo y Dafne, en el que Hideo Azuma aprovecha además un mito japonés para ofrecernos una nueva visión de esta historia. ¡Veamos cuál es la ocurrencia de Pollon para alterar la vida de los dioses! 😊

Dafne: uno de los amores no correspondidos de Apolo

Apolo y Dafne, de Bernini.

Apolo no es uno de los dioses más afortunados en el amor. Algunos de sus amantes murieron, como Jacinto, y otros simplemente rechazaron sus atenciones. Ese es el caso de Casandra, princesa troyana a la que el dios le concedió el don de la profecía, aunque Apolo la condenó a que nadie creyera en sus palabras. Y es, por supuesto, el caso de Dafne, la ninfa que protagoniza el mito del que voy a hablaros hoy y que tanta influencia ha tenido en el arte occidental. Son muchos los pintores, escultores, poetas…, que han recreado la historia de amor frustrado de Apolo. Una de las obras más famosas es la escultura de Bernini. ¡Pero también en la literatura española tenemos ejemplos! Por poner uno, Garcilaso de la Vega, en su Soneto XIII, nos muestra al dios arrodillado frente a la ninfa y de su dolor nos dice: ¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,/que con llorarla crezca cada día/la causa y la razón por que lloraba!

El autor latino Ovidio nos cuenta la historia de Apolo y Dafne en el primer libro de sus Metamorfosis. Apolo se vanagloriaba de haber matado a la terrible serpiente Pitón y menospreciaba a Cupido —Eros en la mitología griega— por dedicarse a los amores, impropios de los valientes. Pero Cupido, lejos de aceptar las palabras del dios, se vengó con la misma arma de la que Apolo se burlaba. Le disparó una flecha de oro para que se enamorara de Dafne, mientras que a ella le tocó la de plomo, que provocaba rechazo. 

Apolo y Dafne, de John William Waterhouse.

Dafne deseaba permanecer virgen, así que no quiso oír hablar de los amores de Apolo. Y huyó de él. Sin embargo, el dios no podía aceptar su negativa y empezó a perseguirla entre súplicas. La ninfa sintió que sus fuerzas flaqueaban, por lo que le pidió ayuda a su padre, el río Peneo según Ovidio —en otras versiones, el nombre cambia—, que la convirtió en un laurel. Hasta transformada en árbol Dafne rechazaba a Apolo, como el propio poeta nos dice:

 

Hanc quoque Phoebus [amat, positaque in stipite dextra

sentit adhuc trepidare novo [sub cortice pectus

complexusque suis ramos, [ut membra, lacertis

oscula dat ligno: refugit [tamen oscula lignum.

(Ov. Met. I, 552-555).

 

 

También la ama Febo y, tras colocar su mano derecha en el tronco, siente que su pecho aún se mueve bajo la nueva corteza, y, abrazando sus ramas con los brazos, como si fueran miembros, da besos a la madera: sin embargo, la madera rehúye sus besos.

 

 

Apolo eligió entonces que el laurel sería su árbol, el que adornaría las sienes de los poetas.

Amaterasu: la diosa que condenó al mundo a la oscuridad

¿Y con qué mito decide Hideo Azuma fusionar el de Apolo y Dafne? Con uno sobre Amaterasu, la diosa sintoísta del sol. Podría parecer que no tiene mucho que ver con la historia contada por Ovidio, pero, en el fondo, están relacionadas. Apolo, dios de las artes, de la música, de los oráculos, dios flechador y médico, se identificó con el sol ya en la Antigüedad. ¡Y eso que los griegos tenían a Helios!

Este mito aparece recogido en el Kojiki, la primera obra literaria de Japón, en la que se cuentan tradiciones del país del sol naciente desde la era de los dioses hasta la emperatriz Suiko (siglo VII). Según el Kojiki, el dios Susanô comenzó a destruir los arrozales y las tierras de Amaterasu porque la diosa lo había superado cuando ambos habían engendrado hijos. No contento con eso, esparció excrementos sobre los altares donde se ofrecían los primeros frutos de la cosecha, e incluso irrumpió en la estancia sagrada de Amaterasu para lanzar un caballo celestial que él mismo había desollado. La visión fue tan horrible para la hilandera que allí se encontraba que, al intentar huir, se clavó la lanzadera de su telar y murió. 

Amaterasu saliendo de la cueva. Shunsai Toshimasa.

La diosa, horrorizada, no pudo soportarlo más y se encerró en la Casa Rocosa del Cielo. El mundo entonces se sumió en la oscuridad. Los demás dioses, preocupados por la situación, se reunieron para solucionar el problema… y trazaron un plan. Reunieron a todos los gallos del mundo para que no dejaran de cantar, fabricaron un espejo que colocaron frente a la cueva, además de un rosario de jade. Consultaron a un oráculo y después colgaron de un árbol tanto el rosario como unas telas de algodón y lino, objetos que fueron bendecidos. Uno de los dioses, Ame-no-ta-jikara, se ocultó al lado de la caverna que servía de refugio a Amaterasu, mientras su compañera Ame-no-uzume-no-mikoto se ponía a bailar con frenesí frente a la cueva. El baile hizo que se le soltara el cíngulo de la túnica, por lo que se le vieron los pechos y sus partes íntimas. Los dioses comenzaron a reírse a carcajadas.

Amaterasu se preguntó qué estaba ocurriendo fuera. Al asomarse, se sorprendió al verse reflejada en el espejo que los demás dioses habían colocado delante de la cueva. Ame-no-ta-jikara aprovechó para agarrarla y sacarla de su escondrijo. La luz entonces volvió al mundo.

El día en que Pollon quiso una madre

© Hideo Azuma 2005.

Hideo Azuma toma la historia de Dafne y la de Amaterasu para crear su propia versión, una más gamberra y alocada. Todo empieza cuando la pequeña Pollon visita a su amigo Eros. Al verlo con su madre, Afrodita, se apena y añora lo que ella no ha tenido. Le pregunta a su padre, Apolo, pero lo único que él puede ofrecerle es una desgraciada historia de amor. Ya he mencionado que este dios no tenía mucha suerte con sus amantes, ¿verdad?

Así que Pollon decide solucionar el problema por sí misma. Le coge el arco y las flechas a Eros y los prueba en su padre. Para Hideo Azuma, también es Eros/Cupido el culpable del enamoramiento de Apolo, aunque no sea su causante directo. 

© Hideo Azuma 2005.

Entonces, empieza el humor. Apolo se vuelve loco —literalmente— de amor, y empieza a comportarse de una manera absurda y ridícula. ¡Hasta les pide matrimonio a varios animales! Su desesperada búsqueda termina cuando conoce a Dafne, que, por supuesto, lo rechaza. Y el dios vuelve a humillarse. Se transforma en insecto, esquiva las rocas que Dafne le lanza, atrapa con los dientes las flechas que le dispara la ninfa. Se arrastra por el suelo para evitar que huya. Pero nada de eso le sirve: Dafne se transforma en laurel. Eso sí, sin ayuda de su padre. Y Hideo Azuma tampoco se recrea en la transformación que con tanto detalle cuenta Ovidio en las Metamorfosis: Apolo, para terminar de humillarse, de pronto se encuentra abrazando a un árbol que tiene el rostro de Dafne y que lo sigue mirando con desprecio.

Los intentos de Pollon por conseguir una madre se frustran, igual que el amor de Apolo. 

El Olimpo se sume en las tinieblas

© Hideo Azuma 2005.

El dios griego se siente devastado. Y Hideo Azuma le hace tomar una decisión que extrae de su propia cultura, de sus propios mitos: se encierra en una cueva, como Amaterasu. Hay otros detalles de la historia narrada en el Kojiki que se mantienen: los dioses se reúnen —esta vez, frente a la cueva— y le ruegan a Apolo que termine con su encierro. Algunas de sus súplicas son de lo más divertidas: Poseidón le ofrece daifuku, un pastelito de arroz relleno, y Dioniso y sus acompañantes le dicen que lo necesitan para sus juegos de mesa.

A diferencia del mito japonés, las divinidades griegas no idean un plan. Eso queda en manos de Pollon que, por casualidad, termina en el fondo del mar, en la casa del doctor Nahaha. Hideo Azuma le da una nueva vuelta de tuerca a la historia de Apolo y Dafne para mezclarlo con elementos propios de la fantasía y la ciencia ficción. Nahaha es un científico que vive bajo el agua, rodeado de tecnología, y resulta tener la solución a los problemas de Pollon: una poción que permitirá devolverle su forma original a Dafne. El brebaje surte efecto y los dioses gritan, sorprendidos. Es entonces cuando Apolo decide salir de la cueva.

Al igual que en el mito de Amaterasu, Apolo abandona su refugio al escuchar un escándalo, pero las razones son diferentes. No hay carcajadas. Tampoco hay un espejo que refleje al dios, sino una muchacha cuya belleza admira y que es capaz de arrastrarlo al exterior.

El desastre final

Pero las cosas no pueden ser tan fáciles. No, al menos, en el mundo de Pollon. La poción de Nahaha no solo hace que Dafne vuelva a ser ella misma, sino que la transforma en un monstruo que empieza a perseguir a Apolo, aunque no para ofrecerle su amor precisamente. El científico le da a Pollon otra poción que busca arreglar el lío, pero que únicamente consigue enredar más la situación. Apolo, Dafne y el resto de los dioses empiezan a transformarse rápidamente en monstruos de distinta clase, su forma va cambiando una y otra vez, hasta que todos terminan siendo árboles.

Tetis y Peleo.

Esa rápida transformación recuerda a otros episodios de la mitología clásica. En muchos de ellos, los dioses se convierten en animales o plantas por diversas causas. Este es el caso de Tetis, la madre de Aquiles, a quien Peleo atrapó para poder casarse con ella. La diosa se transformó en multitud de bestias, pero Peleo no la soltó en ningún momento y ella terminó accediendo a casarse con él. Así aparece representada en muchas vasijas y platos griegos: Peleo abrazado a ella y Tetis rodeada de los animales cuya forma adopta. Pero no es el único caso: en el canto IV de la Odisea, Menelao, rey de Esparta y esposo de Helena de Troya, se vio obligado a atrapar al dios marino Proteo para que le revelara el camino de vuelta a casa. Aunque se convirtió en león, dragón, pantera, jabalí, agua y un árbol, Menelao no lo soltó.

© Hideo Azuma 2005.

¿Cómo termina la historia de Pollon? Con un castigo, claro. Apolo es un padre estricto y no va a dejar las cosas así. Aunque claro, primero tiene que dejar de ser un laurel.

Como vemos, Hideo Azuma mantiene elementos del mito grecolatino —la implicación de Eros, la persecución de Apolo, el rechazo de la ninfa incluso cuando ya se ha transformado— y de la historia de Amaterasu —la reunión de los dioses, los gritos para que la divinidad abandone la cueva, la oscuridad del mundo—. Pero también es capaz de reinterpretarlos y contarnos su propia historia.

 

Hasta aquí la entrada de hoy. 😊 ¡Espero que os haya gustado! Os espero dentro de unos días. ¡Hasta entonces!

[Por desgracia, Olympus no Pollon no está editado en España, pero podéis leer la edición italiana, publicada por Magic Press. Al hacer clic en las imágenes de las obras de arte, se puede acceder a su fuente].

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