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sábado, 10 de septiembre de 2022

#AnimeRetroMFT: magia en la televisión

Alegría, nervios, tristeza, diversión… Son muchos los sentimientos que despertaron en nosotros los animes que vimos en televisión cuando éramos pequeños. Me recuerdo a la hora de la comida o de la merienda, esperando con ilusión a que empezaran mis series favoritas para viajar con sus personajes a otros mundos y vivir aventuras con ellos. Hoy, 10 de septiembre, en el marco del evento #AnimeRetroMFT organizado por Estantería Otaku, vuelvo a esas tardes llenas de emoción junto con otros muchos compañeros: BlogVisual, AnimeFagos, Ninguna Parte, Animación para adultos, Detective Conan Legal España, Digimon World Spain, MangAnimeList, One Piece en Castellano, Sergio Jamón y Tu Web Anime. Esta vez, de entre todas esas series, queremos centrarnos en la magia y la tecnología, en esos animes con toques de fantasía o ciencia ficción que nos trasladaron a otras realidades. 

La fantasía y la ciencia ficción son dos de mis géneros favoritos, desde siempre. Y algunos de esos animes que veía en la tele, precisamente, pertenecían a uno de ellos o tenían ciertos tintes, desde las películas de Unico —que tenía en VHS y se convirtieron en mis favoritas— hasta las series que ponían en la 2 de Televisión Española. En la entrada de hoy, quiero regresar a ellas. De algunas ya os hablé en la anterior entrada que le dediqué al primer #AnimeRetroTV, que celebramos el 27 de noviembre del año pasado, pero ahora quiero acercarme a ellas de nuevo y recordar otras cosas sobre ellas. 🤗

Las muchas caras de la magia

Y, como no podía ser de otra forma, empiezo con el anime que probablemente fue el más importante para mí: Slayers, o Reena y Gaudy. ¿Qué mejor manera de hacerlo que con un anime de fantasía, lleno de aventuras? Reena, Gaudy, Zelgadis, Amelia y los demás nos mostraron en él las muchas facetas de la magia, que puede ser increíblemente destructiva o utilizarse para ayudar a los demás. Cada uno de ellos tenía sus propios conjuros y su propia manera de servirse de sus poderes para conseguir sus objetivos. Amelia, siempre dispuesta a luchar por la justicia con su magia blanca. Zelgadis, condenado a ser una quimera por un conjuro. Sylphiel y sus hechizos sanadores, tan útiles cuando las cosas se ponían feas. Zeros y sus muchos enigmas. Y no hay que olvidar, por supuesto, a Reena, una poderosa hechicera que, muchas veces, sembraba el caos por donde pasaba con su magia negra —aunque también, por supuesto, salvaba el mundo—. Fue ella la que nos enseñó uno de los conjuros más icónicos de los animes de los noventa. Seguro que quienes visteis la serie os acordáis: «Más negro que la oscuridad, más rojo que la sangre que fluye, enterrado en la corriente del tiempo...».

Por supuesto, no solo los protagonistas tenían poderes increíbles; también sus enemigos, que son muchos y bastante terribles: el monje rojo, Rezo; los demonios que amenazaban con asolar el mundo. Todos ellos se interponían siempre en el camino de Reena y los demás para llevarlos al límite, pero también para mostrarnos hasta dónde es capaz de llegar alguien por su ambición y su deseo de poder. Por suerte, nuestros héroes siempre estaban ahí para pararles los pies. 

Creo que Slayers tiene la culpa, en parte, de que me gusten tanto las historias de fantasía —sobre todo si tienen que ver con magos y hechiceros—. Era muy pequeña cuando la vi y me marcó mucho durante mi infancia.

Criaturas de otros mundos

Los animes que vimos en televisión en los años noventa y dos mil estaban llenos de criaturas que no existían en nuestra realidad y que podían convertirse en compañeros inseparables. Con la tecnología, podíamos capturar algunas para llevarlas en el bolsillo y convertirnos en entrenadores, siempre dispuestos a probar nuestras habilidades con otros. Otras estaban hechas de píxeles y se llegaba a ellas tras un viaje al mundo digital, cuyo equilibrio siempre estaba amenazado. En ese entorno, las criaturas cambiaban, se hacían más grandes, más fuertes. Solo así podía restaurarse la paz: los niños elegidos forjaban un vínculo muy estrecho con los monstruos digitales y se ayudaban mutuamente a crecer en muchos sentidos. Con el tiempo, esa tecnología permitió que incluso los propios niños se transformaran —ya en Digimon frontier, la cuarta temporada de la serie—.

Pokémon y Digimon me gustaban, pero, si tuviera que quedarme con uno de los dos animes, elegiría el segundo. ¡Incluso llegué a tener un digivice! Con él, de algún modo, tenías la sensación de que el mundo digital estaba un poco más cerca.

Tecnología para la vida diaria

Termino con una serie que disfruté muchísimo: Doraemon. Las aventuras y desventuras del gato cósmico y Nobita, el estudiante que estaba a su cargo, me hicieron pasar muy buenos ratos. Y es que este no dejaba de meterse en líos, para los que su amigo siempre tenía una solución, más o menos acertada. Eso sí, ¿quién no querría un bolsillo mágico como el suyo, con toda clase de objetos para sobrellevar mejor los problemas de nuestra vida cotidiana? A mí, desde luego, me habría encantado. No dejaba de sorprenderme con la cantidad de cosas que Doraemon llevaba consigo.

Me gustaba tanto la serie que, cuando mis tíos fueron de viaje a Japón, me trajeron un manga original. Por aquel entonces, no podía leerlo, pero no me importó. Me bastaba con tener entre las manos algunas de las aventuras del gato cósmico, Nobita y sus amigos.

 

¡Con esto termino la entrada de hoy! 😊 Y justo acaba de comenzar el turno de tarde del evento #AnimeRetroMFT. Os animo a que lo sigáis por redes sociales, a que visitéis los perfiles y las webs y blogs del resto de compañeros y a que compartáis con nosotros todo lo que queráis sobre esos animes que tanto nos hicieron disfrutar.

Por mi parte, espero publicar la semana que viene una nueva entrada sobre manganime y mundo clásico —si el tiempo no se me echa encima, que septiembre ha empezado fuerte por varias razones…—. ¡Os espero dentro de unos días! ¡Hasta entonces! 🤗


sábado, 27 de noviembre de 2021

#AnimeRetroTV: cuando la tele se llenó de animación japonesa

Por fin ha llegado el 27 de noviembre y, con él, el evento #AnimeRetroTV, organizado por Estantería Otaku y en el que también participan Ninguna Parte, BlogVisual y AnimeFagos. 😊 Un día para la nostalgia, para el recuerdo, para la emoción: en definitiva, para recuperar a esos niños y adolescentes que fuimos y que veían anime en la tele. Cuando me propusieron participar, no me lo pensé dos veces: me hacía muchísima ilusión compartir con mis compañeros y con los lectores esas tardes que atesoro con tanto cariño, esas experiencias que, sin que yo fuera consciente, pusieron las bases de una afición que me ha traído hasta Afrodita L. 🤗

Crecí viendo anime. En casa, tenía una colección de películas infantiles entre las que se encontraba Unico, de Osamu Tezuka, que se convirtió en uno de mis filmes favoritos por aquel entonces. También fueron muchas las series japonesas que vi durante mi infancia: Doraemon, Oliver y Benji, Shin chan, Pokémon… Y algunas de ellas me marcaron especialmente. En la entrada de hoy, como parte de #AnimeRetroTV, quiero hablaros de ellas y de por qué significaron tanto para mí.

¡A la aventura!: Slayers. Reena y Gaudy

Empiezo con el primer anime que vi en televisión: Slayers, conocido en España como Reena y Gaudy. Años después, no ha perdido la magia que lo caracterizaba entonces, en los noventa: he vuelto a verlo de mayor y me sigue encantando. No solo por la nostalgia, que supongo que también influye, sino porque es una muy buena historia de aventuras, con unos personajes carismáticos y entrañables con los que conectas enseguida. Mi favorita es Amelia —me siento identificada con ella en muchas cosas, sobre todo en la torpeza—, pero todos los demás la siguen de cerca: Reena, por supuesto, Gaudy, Zelgadis, Zeros, Sylphiel… Y aquellos a los que he descubierto más tarde, como Naga, que solo sale en las películas. 

Era muy pequeña cuando comencé a ver Slayers. De hecho, mi madre siempre nos preguntaba a mi hermana y a mí si no teníamos pesadillas por su culpa. Y siempre se lo negábamos —con mucha insistencia— porque nos encantaba. Es cierto que en algunas escenas es bastante oscura —al menos, para unas niñas de cuatro o cinco años—, pero en ese momento nos daba igual. Queríamos saber más sobre Reena, Gaudy, Amelia, Zelgadis y sus aventuras. Nos reíamos con sus despistes y sus discusiones. Nos emocionábamos cuando les tocaba sufrir alguna adversidad. Cantábamos el opening, aunque no supiéramos lo que decía. Jugábamos a imaginar nuevas historias para ellos. De pequeña apuntaba maneras y sentía ya predilección por la fantasía, uno de mis géneros favoritos en la actualidad.

Cuando mi hermana y yo nos hicimos mayores, descubrimos que había mangas y, aunque no siempre contaran lo mismo que la serie, empezamos a coleccionarlos. Regresamos al anime muchos años después, volvimos a disfrutarlo, lo redescubrimos. También vimos las nuevas temporadas: fue genial descubrir que Reena y Gaudy seguían dando guerra años después y que podíamos vivir nuevas aventuras en su compañía. A día de hoy, y aunque es muy difícil escoger solo uno, cuando me preguntan cuál es mi anime favorito Slayers suele ser el primero que me viene a la cabeza.

Digimon: bienvenidos al mundo digital

He de confesarlo: mi relación con Digimon no empezó muy bien. Estaba en casa de mis abuelos, viendo los dibujos de la 2 y esperando impacientemente a que pusieran una serie que me encantaba. «Es genial», le estaba diciendo a mi abuela, «me gusta muchísimo». Creo recordar que la serie de la que hablaba con tanta emoción era Los Rugrats. Ahora que estoy haciendo memoria de todo lo que ponían en la tele cuando era pequeña me doy cuenta, una vez más, de los dibujos animados tan divertidos que había. 

Pero vuelvo a Digimon. No fueron Tommy, Chucky, Phil, Lil y Angélica los que aparecieron en pantalla ese día… sino unos niños que, de repente, viajaban a un extraño mundo lleno de criaturas muy variopintas. Y me enfadé, porque yo quería ver Los Rugrats —o lo que fuera— y los habían quitado de la televisión. Os adelanto que el disgusto no me duró demasiado. La siguiente vez que visité a mis abuelos y pusimos la 2 y Digimon, les dije: «No pasa nada, esta serie ya me gusta». Y es que era imposible no ceder ante la historia de los niños elegidos y sus monstruos digitales: no tardé en cogerles cariño a los protagonistas y divertirme con sus aventuras. A partir de entonces, me ponía triste cuando la sustituían por cualquier otra serie —no me importaba volver a ver la temporada completa, una y otra vez, las que hicieran falta— y me alegraba cuando la reponían o estrenaban las nuevas aventuras de los niños elegidos. Por supuesto, cuando anunciaron que iban a poner la película en el cine, allí estábamos mi hermana y yo para disfrutarla con toda la ilusión de nuestros ocho o nueve años.

Aunque la primera temporada de Digimon es la más especial de todas para mí, disfruté mucho de las que vinieron después: Digimon Adventure 02, Digimon Tamers y Digimon Frontier. De hecho, algunos de mis personajes y digimon favoritos —a excepción, por supuesto, de los primeros niños elegidos y sus monstruos digitales— salen en ellas. Wormmon y Ken Ichijôji. Rika y Renamon. Impmon. Zoe. Lanamon. Pero, si tuviera que elegir de entre todas las temporadas a un niño elegido y su compañero, me quedaría sin duda con Mimi y Palmon.

Con el paso del tiempo, Digimon ha seguido siendo muy importante para mí. Me emociono cada vez que escucho su opening, sigo comprando alguna figurita que me guste, he visto algunas de las nuevas temporadas, sobre todo si salen los niños elegidos originales. Y disfruté muchísimo cuando se estrenó en el cine la película Digimon adventure: last evolution kizuna, hecha especialmente para quienes crecimos con Tai, Agumon y los demás. De hecho, le dediqué una entrada hace unos meses. Ha sido, hasta la fecha, una de las que mas me ha emocionado escribir. ¡Y no va a ser la única vez que hable de Digimon en Afrodita L! Pero para eso hay que esperar un poco. 😉

Un cuaderno para cambiar el mundo: Death note

Termino con un anime que fue muy importante para mí. Ya era bastante más mayor que cuando veía Digimon y Slayers y probablemente no sea tan «retro» como el resto de títulos de los que he hablado, pero tuve la suerte de verlo en la tele a finales de la primera década de los dos mil. Me apetecía recogerlo al final de la entrada porque creo que, sin Death note, habría llegado más tarde al mundo del manga y tal vez este blog no existiría.

Descubrí Death note cuando estaba en el instituto. Un par de amigas me lo recomendaron muy encarecidamente. Me dijeron que me iba a gustar un montón, que estaba genial. Pero yo no sabía cómo ni dónde verlo, así que se quedó en mi lista de cosas pendientes. La casualidad quiso que, poco después, tuviera la oportunidad de hacerlo. Una noche, estaba haciendo zapping con mi hermana después de ver una película y, de repente, encontramos en la televisión autonómica de Castilla y León una serie que parecía interesante… y que enseguida reconocí como Death note, ese anime del que tan bien me habían hablado. ¡Me puse muy contenta! A partir de entonces, todos los viernes a medianoche —lo ponían tardísimo—, mi hermana y yo seguíamos a Light Yagami y Ryuk en su lucha para conseguir un mundo sin criminales. Era uno de mis momentos favoritos de la semana. Pero no fui la única a la que le encantó el anime: poco después, en mi instituto hubo una fiebre de Death note.

Como os he adelantado antes, la adaptación animada de la obra de Tsugumi Ohba y Takeshi Obata me hizo interesarme por el manga. Me había gustado tanto la historia de Light, Ryuk, L y los demás que me apetecía revivirla en papel. Fue la primera serie que compré —seguida poco después por los tomos de Slayers: knight of Aqualord y D. Gray-man, que me llevó a coleccionar manga más en serio— y la culpable de que ahora tenga problemas de espacio en mi habitación. Ya era una compradora bastante habitual de libros, y desde entonces mi biblioteca se tiene que repartir las estanterías con mi mangateca.

Os cuento una última curiosidad: cuando mis padres y mi hermana me regalaron un ex libris en mi dieciocho cumpleaños, utilizaron la «l» de L para el diseño, aprovechando que también es la inicial de mi nombre —¡y que L era mi personaje favorito!. 😊

 

¡Con esto termino la entrada de hoy! 😊 Pero aún queda mucho evento por delante. Os animo a que visitéis las redes sociales y plataformas de todas las webs y blogs que participan en este #AnimeRetroTV: Estantería Otaku, Ninguna Parte, BlogVisual y AnimeFagos. ¡Y, por supuesto, a que compartáis con nosotros vuestros recuerdos sobre los animes que veíais en la tele! 🤗

Por mi parte, si todo va bien, os espero el martes con una nueva entrada sobre manganime y mundo clásico. ¡Hasta entonces! 😊