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sábado, 10 de septiembre de 2022

#AnimeRetroMFT: magia en la televisión

Alegría, nervios, tristeza, diversión… Son muchos los sentimientos que despertaron en nosotros los animes que vimos en televisión cuando éramos pequeños. Me recuerdo a la hora de la comida o de la merienda, esperando con ilusión a que empezaran mis series favoritas para viajar con sus personajes a otros mundos y vivir aventuras con ellos. Hoy, 10 de septiembre, en el marco del evento #AnimeRetroMFT organizado por Estantería Otaku, vuelvo a esas tardes llenas de emoción junto con otros muchos compañeros: BlogVisual, AnimeFagos, Ninguna Parte, Animación para adultos, Detective Conan Legal España, Digimon World Spain, MangAnimeList, One Piece en Castellano, Sergio Jamón y Tu Web Anime. Esta vez, de entre todas esas series, queremos centrarnos en la magia y la tecnología, en esos animes con toques de fantasía o ciencia ficción que nos trasladaron a otras realidades. 

La fantasía y la ciencia ficción son dos de mis géneros favoritos, desde siempre. Y algunos de esos animes que veía en la tele, precisamente, pertenecían a uno de ellos o tenían ciertos tintes, desde las películas de Unico —que tenía en VHS y se convirtieron en mis favoritas— hasta las series que ponían en la 2 de Televisión Española. En la entrada de hoy, quiero regresar a ellas. De algunas ya os hablé en la anterior entrada que le dediqué al primer #AnimeRetroTV, que celebramos el 27 de noviembre del año pasado, pero ahora quiero acercarme a ellas de nuevo y recordar otras cosas sobre ellas. 🤗

Las muchas caras de la magia

Y, como no podía ser de otra forma, empiezo con el anime que probablemente fue el más importante para mí: Slayers, o Reena y Gaudy. ¿Qué mejor manera de hacerlo que con un anime de fantasía, lleno de aventuras? Reena, Gaudy, Zelgadis, Amelia y los demás nos mostraron en él las muchas facetas de la magia, que puede ser increíblemente destructiva o utilizarse para ayudar a los demás. Cada uno de ellos tenía sus propios conjuros y su propia manera de servirse de sus poderes para conseguir sus objetivos. Amelia, siempre dispuesta a luchar por la justicia con su magia blanca. Zelgadis, condenado a ser una quimera por un conjuro. Sylphiel y sus hechizos sanadores, tan útiles cuando las cosas se ponían feas. Zeros y sus muchos enigmas. Y no hay que olvidar, por supuesto, a Reena, una poderosa hechicera que, muchas veces, sembraba el caos por donde pasaba con su magia negra —aunque también, por supuesto, salvaba el mundo—. Fue ella la que nos enseñó uno de los conjuros más icónicos de los animes de los noventa. Seguro que quienes visteis la serie os acordáis: «Más negro que la oscuridad, más rojo que la sangre que fluye, enterrado en la corriente del tiempo...».

Por supuesto, no solo los protagonistas tenían poderes increíbles; también sus enemigos, que son muchos y bastante terribles: el monje rojo, Rezo; los demonios que amenazaban con asolar el mundo. Todos ellos se interponían siempre en el camino de Reena y los demás para llevarlos al límite, pero también para mostrarnos hasta dónde es capaz de llegar alguien por su ambición y su deseo de poder. Por suerte, nuestros héroes siempre estaban ahí para pararles los pies. 

Creo que Slayers tiene la culpa, en parte, de que me gusten tanto las historias de fantasía —sobre todo si tienen que ver con magos y hechiceros—. Era muy pequeña cuando la vi y me marcó mucho durante mi infancia.

Criaturas de otros mundos

Los animes que vimos en televisión en los años noventa y dos mil estaban llenos de criaturas que no existían en nuestra realidad y que podían convertirse en compañeros inseparables. Con la tecnología, podíamos capturar algunas para llevarlas en el bolsillo y convertirnos en entrenadores, siempre dispuestos a probar nuestras habilidades con otros. Otras estaban hechas de píxeles y se llegaba a ellas tras un viaje al mundo digital, cuyo equilibrio siempre estaba amenazado. En ese entorno, las criaturas cambiaban, se hacían más grandes, más fuertes. Solo así podía restaurarse la paz: los niños elegidos forjaban un vínculo muy estrecho con los monstruos digitales y se ayudaban mutuamente a crecer en muchos sentidos. Con el tiempo, esa tecnología permitió que incluso los propios niños se transformaran —ya en Digimon frontier, la cuarta temporada de la serie—.

Pokémon y Digimon me gustaban, pero, si tuviera que quedarme con uno de los dos animes, elegiría el segundo. ¡Incluso llegué a tener un digivice! Con él, de algún modo, tenías la sensación de que el mundo digital estaba un poco más cerca.

Tecnología para la vida diaria

Termino con una serie que disfruté muchísimo: Doraemon. Las aventuras y desventuras del gato cósmico y Nobita, el estudiante que estaba a su cargo, me hicieron pasar muy buenos ratos. Y es que este no dejaba de meterse en líos, para los que su amigo siempre tenía una solución, más o menos acertada. Eso sí, ¿quién no querría un bolsillo mágico como el suyo, con toda clase de objetos para sobrellevar mejor los problemas de nuestra vida cotidiana? A mí, desde luego, me habría encantado. No dejaba de sorprenderme con la cantidad de cosas que Doraemon llevaba consigo.

Me gustaba tanto la serie que, cuando mis tíos fueron de viaje a Japón, me trajeron un manga original. Por aquel entonces, no podía leerlo, pero no me importó. Me bastaba con tener entre las manos algunas de las aventuras del gato cósmico, Nobita y sus amigos.

 

¡Con esto termino la entrada de hoy! 😊 Y justo acaba de comenzar el turno de tarde del evento #AnimeRetroMFT. Os animo a que lo sigáis por redes sociales, a que visitéis los perfiles y las webs y blogs del resto de compañeros y a que compartáis con nosotros todo lo que queráis sobre esos animes que tanto nos hicieron disfrutar.

Por mi parte, espero publicar la semana que viene una nueva entrada sobre manganime y mundo clásico —si el tiempo no se me echa encima, que septiembre ha empezado fuerte por varias razones…—. ¡Os espero dentro de unos días! ¡Hasta entonces! 🤗


sábado, 27 de noviembre de 2021

#AnimeRetroTV: cuando la tele se llenó de animación japonesa

Por fin ha llegado el 27 de noviembre y, con él, el evento #AnimeRetroTV, organizado por Estantería Otaku y en el que también participan Ninguna Parte, BlogVisual y AnimeFagos. 😊 Un día para la nostalgia, para el recuerdo, para la emoción: en definitiva, para recuperar a esos niños y adolescentes que fuimos y que veían anime en la tele. Cuando me propusieron participar, no me lo pensé dos veces: me hacía muchísima ilusión compartir con mis compañeros y con los lectores esas tardes que atesoro con tanto cariño, esas experiencias que, sin que yo fuera consciente, pusieron las bases de una afición que me ha traído hasta Afrodita L. 🤗

Crecí viendo anime. En casa, tenía una colección de películas infantiles entre las que se encontraba Unico, de Osamu Tezuka, que se convirtió en uno de mis filmes favoritos por aquel entonces. También fueron muchas las series japonesas que vi durante mi infancia: Doraemon, Oliver y Benji, Shin chan, Pokémon… Y algunas de ellas me marcaron especialmente. En la entrada de hoy, como parte de #AnimeRetroTV, quiero hablaros de ellas y de por qué significaron tanto para mí.

¡A la aventura!: Slayers. Reena y Gaudy

Empiezo con el primer anime que vi en televisión: Slayers, conocido en España como Reena y Gaudy. Años después, no ha perdido la magia que lo caracterizaba entonces, en los noventa: he vuelto a verlo de mayor y me sigue encantando. No solo por la nostalgia, que supongo que también influye, sino porque es una muy buena historia de aventuras, con unos personajes carismáticos y entrañables con los que conectas enseguida. Mi favorita es Amelia —me siento identificada con ella en muchas cosas, sobre todo en la torpeza—, pero todos los demás la siguen de cerca: Reena, por supuesto, Gaudy, Zelgadis, Zeros, Sylphiel… Y aquellos a los que he descubierto más tarde, como Naga, que solo sale en las películas. 

Era muy pequeña cuando comencé a ver Slayers. De hecho, mi madre siempre nos preguntaba a mi hermana y a mí si no teníamos pesadillas por su culpa. Y siempre se lo negábamos —con mucha insistencia— porque nos encantaba. Es cierto que en algunas escenas es bastante oscura —al menos, para unas niñas de cuatro o cinco años—, pero en ese momento nos daba igual. Queríamos saber más sobre Reena, Gaudy, Amelia, Zelgadis y sus aventuras. Nos reíamos con sus despistes y sus discusiones. Nos emocionábamos cuando les tocaba sufrir alguna adversidad. Cantábamos el opening, aunque no supiéramos lo que decía. Jugábamos a imaginar nuevas historias para ellos. De pequeña apuntaba maneras y sentía ya predilección por la fantasía, uno de mis géneros favoritos en la actualidad.

Cuando mi hermana y yo nos hicimos mayores, descubrimos que había mangas y, aunque no siempre contaran lo mismo que la serie, empezamos a coleccionarlos. Regresamos al anime muchos años después, volvimos a disfrutarlo, lo redescubrimos. También vimos las nuevas temporadas: fue genial descubrir que Reena y Gaudy seguían dando guerra años después y que podíamos vivir nuevas aventuras en su compañía. A día de hoy, y aunque es muy difícil escoger solo uno, cuando me preguntan cuál es mi anime favorito Slayers suele ser el primero que me viene a la cabeza.

Digimon: bienvenidos al mundo digital

He de confesarlo: mi relación con Digimon no empezó muy bien. Estaba en casa de mis abuelos, viendo los dibujos de la 2 y esperando impacientemente a que pusieran una serie que me encantaba. «Es genial», le estaba diciendo a mi abuela, «me gusta muchísimo». Creo recordar que la serie de la que hablaba con tanta emoción era Los Rugrats. Ahora que estoy haciendo memoria de todo lo que ponían en la tele cuando era pequeña me doy cuenta, una vez más, de los dibujos animados tan divertidos que había. 

Pero vuelvo a Digimon. No fueron Tommy, Chucky, Phil, Lil y Angélica los que aparecieron en pantalla ese día… sino unos niños que, de repente, viajaban a un extraño mundo lleno de criaturas muy variopintas. Y me enfadé, porque yo quería ver Los Rugrats —o lo que fuera— y los habían quitado de la televisión. Os adelanto que el disgusto no me duró demasiado. La siguiente vez que visité a mis abuelos y pusimos la 2 y Digimon, les dije: «No pasa nada, esta serie ya me gusta». Y es que era imposible no ceder ante la historia de los niños elegidos y sus monstruos digitales: no tardé en cogerles cariño a los protagonistas y divertirme con sus aventuras. A partir de entonces, me ponía triste cuando la sustituían por cualquier otra serie —no me importaba volver a ver la temporada completa, una y otra vez, las que hicieran falta— y me alegraba cuando la reponían o estrenaban las nuevas aventuras de los niños elegidos. Por supuesto, cuando anunciaron que iban a poner la película en el cine, allí estábamos mi hermana y yo para disfrutarla con toda la ilusión de nuestros ocho o nueve años.

Aunque la primera temporada de Digimon es la más especial de todas para mí, disfruté mucho de las que vinieron después: Digimon Adventure 02, Digimon Tamers y Digimon Frontier. De hecho, algunos de mis personajes y digimon favoritos —a excepción, por supuesto, de los primeros niños elegidos y sus monstruos digitales— salen en ellas. Wormmon y Ken Ichijôji. Rika y Renamon. Impmon. Zoe. Lanamon. Pero, si tuviera que elegir de entre todas las temporadas a un niño elegido y su compañero, me quedaría sin duda con Mimi y Palmon.

Con el paso del tiempo, Digimon ha seguido siendo muy importante para mí. Me emociono cada vez que escucho su opening, sigo comprando alguna figurita que me guste, he visto algunas de las nuevas temporadas, sobre todo si salen los niños elegidos originales. Y disfruté muchísimo cuando se estrenó en el cine la película Digimon adventure: last evolution kizuna, hecha especialmente para quienes crecimos con Tai, Agumon y los demás. De hecho, le dediqué una entrada hace unos meses. Ha sido, hasta la fecha, una de las que mas me ha emocionado escribir. ¡Y no va a ser la única vez que hable de Digimon en Afrodita L! Pero para eso hay que esperar un poco. 😉

Un cuaderno para cambiar el mundo: Death note

Termino con un anime que fue muy importante para mí. Ya era bastante más mayor que cuando veía Digimon y Slayers y probablemente no sea tan «retro» como el resto de títulos de los que he hablado, pero tuve la suerte de verlo en la tele a finales de la primera década de los dos mil. Me apetecía recogerlo al final de la entrada porque creo que, sin Death note, habría llegado más tarde al mundo del manga y tal vez este blog no existiría.

Descubrí Death note cuando estaba en el instituto. Un par de amigas me lo recomendaron muy encarecidamente. Me dijeron que me iba a gustar un montón, que estaba genial. Pero yo no sabía cómo ni dónde verlo, así que se quedó en mi lista de cosas pendientes. La casualidad quiso que, poco después, tuviera la oportunidad de hacerlo. Una noche, estaba haciendo zapping con mi hermana después de ver una película y, de repente, encontramos en la televisión autonómica de Castilla y León una serie que parecía interesante… y que enseguida reconocí como Death note, ese anime del que tan bien me habían hablado. ¡Me puse muy contenta! A partir de entonces, todos los viernes a medianoche —lo ponían tardísimo—, mi hermana y yo seguíamos a Light Yagami y Ryuk en su lucha para conseguir un mundo sin criminales. Era uno de mis momentos favoritos de la semana. Pero no fui la única a la que le encantó el anime: poco después, en mi instituto hubo una fiebre de Death note.

Como os he adelantado antes, la adaptación animada de la obra de Tsugumi Ohba y Takeshi Obata me hizo interesarme por el manga. Me había gustado tanto la historia de Light, Ryuk, L y los demás que me apetecía revivirla en papel. Fue la primera serie que compré —seguida poco después por los tomos de Slayers: knight of Aqualord y D. Gray-man, que me llevó a coleccionar manga más en serio— y la culpable de que ahora tenga problemas de espacio en mi habitación. Ya era una compradora bastante habitual de libros, y desde entonces mi biblioteca se tiene que repartir las estanterías con mi mangateca.

Os cuento una última curiosidad: cuando mis padres y mi hermana me regalaron un ex libris en mi dieciocho cumpleaños, utilizaron la «l» de L para el diseño, aprovechando que también es la inicial de mi nombre —¡y que L era mi personaje favorito!. 😊

 

¡Con esto termino la entrada de hoy! 😊 Pero aún queda mucho evento por delante. Os animo a que visitéis las redes sociales y plataformas de todas las webs y blogs que participan en este #AnimeRetroTV: Estantería Otaku, Ninguna Parte, BlogVisual y AnimeFagos. ¡Y, por supuesto, a que compartáis con nosotros vuestros recuerdos sobre los animes que veíais en la tele! 🤗

Por mi parte, si todo va bien, os espero el martes con una nueva entrada sobre manganime y mundo clásico. ¡Hasta entonces! 😊

sábado, 10 de julio de 2021

Anime y mundo clásico: los vínculos que nos unen

Este año los cines se han llenado de nostalgia: los niños elegidos y sus digimon han vuelto. Selecta Visión anunció hace un tiempo que en marzo iba a estrenar la nueva película de la franquicia, una buenísima noticia para todos aquellos que crecimos disfrutando de las aventuras de Tai y los demás. Fui al cine con muchísima ilusión, acompañada de mi hermana, y salí con el corazón destrozado —creo que a muchos nos ha ocurrido—, pero muy contenta. Porque Digimon adventure: last evolution kizuna es el colofón perfecto, desde mi punto de vista, para esa serie que amenizaba nuestras tardes y nos hizo soñar con el mundo digital.

Pero esta entrada no es para hablaros de lo mucho que me gustó la película y de por qué deberíais verla —si necesitáis motivos para hacerlo, en Estantería Otaku y Blog Visual os dan bastantes 😉—. Con Digimon adventure: last evolution kizuna me sucedió lo que otras muchas veces cuando leo un manga o veo un anime: que, de repente, me encuentro con una referencia al mundo clásico. Y no lo puedo evitar, me entran ganas de hablar sobre ello. 😁 Cuando terminó la película, tenía una idea en mente y por fin he encontrado ocasión para darle forma. Me hace mucha ilusión empezar a hablar de anime y cultura clásica precisamente con el mundo de los digimon. 😊

Antes de empezar, como siempre, una advertencia: hay spoilers de la trama, así que, si no habéis visto la película, podéis volver cuando lo hayáis hecho. 😊

© Toei Animation 2020.

El duelo de Eos

Eos con el cuerpo de su hijo, Memnón.

Antes de hablar de la película, vamos a centrarnos en Eos, la diosa griega del amanecer, a la que los romanos llamaron Aurora. Y es que esta divinidad sufrió una pérdida muy importante: la de su hijo Memnón, que había acudido a la guerra de Troya para ayudar a su tío, el rey Príamo, contra los griegos. Era un hombre valiente, un buen luchador, pero tuvo la mala suerte de enfrentarse con alguien superior a él en el campo de batalla.

Todo empezó cuando Memnón tropezó, en medio de la contienda, con Néstor, rey de Pilos, anciano prudente y uno de los principales caudillos del bando griego. Temiendo morir a manos del muchacho, el hombre llamó a gritos a su hijo Antíloco, que acudió en su auxilio… y sucumbió al luchar contra Memnón. Así nos lo cuenta, entre otros, Píndaro, concretamente en la Pítica VI:

 

γεντο κα πρότερον ντίλοχος βιατς

νόημα τοτο φέρων,

ς περέφθιτο πατρός, ναρίμβροτον

ναμείναις στράταρχον Αθιόπων

Μέμνονα. Νεστόρειον γρ ππος ρμ πέδα

Πάριος κ βελέων δαϊχθείς: δ φεπεν

κραταιν γχος:

Μεσσανίου δ γέροντος

δονηθεσα φρν βόασε παδα ν:

χαμαιπετς δ ρ πος οκ πέριψεν: ατο

μένων δ θεος νρ

πρίατο μν θανάτοιο κομιδν πατρός,

δόκησέν τε τν πάλαι γενε

πλοτέροισιν, ργον πελώριον τελέσαις,

πατος μφ τοκεσιν μμεν πρς ρετάν.

 

(Pi. P. VI, 28-42).

 

 

Vivió antes también el fuerte Antíloco, de este mismo pensamiento, que murió por su padre enfrentándose al asesino de hombres, al jefe de los etíopes: Memnón. Pues trababa el carro de Néstor su caballo, herido de muerte por los dardos de Paris. Este [Memnón] dirigía su fuerte lanza contra él. El alma agitada del anciano mesenio llamaba a gritos a su hijo. Profirió unas palabras que no cayeron al suelo: allí, firme, el divino hombre compró con su muerte la vida de su padre, y pareció a los más jóvenes de la raza de los antiguos que, por haber realizado una hazaña prodigiosa, era el mejor en valor por el amor a los padres.

¿Qué sucedió después? Que Memnón pagó esa victoria con su vida. Aquiles no dudó en hacerle frente para vengar la muerte de Antíloco, y ese fue el final del hijo de Eos. Tanto ella como Tetis, la madre de Aquiles, se presentaron en la morada de Zeus porque temían el desenlace de la contienda. El padre de los dioses enseguida lo dejó todo muy claro: pesó la suerte de los dos héroes en una balanza para determinar su destino. Memnón salió perdedor y Aquiles le arrebató la vida.

Eos levantando el cuerpo de su hijo Memnón.

Sin embargo, Eos no aceptó la suerte de su hijo. El dolor por su pérdida fue tal que lloró como nunca lo había hecho, y sus lágrimas dieron origen al rocío. Terriblemente apenada, le suplicó a Zeus que le concediera la inmortalidad. Ovidio, en sus Metamorfosis, le da voz a la diosa:

 

«Omnibus inferior, quas sustinet aureus [aether

(nam mihi sunt totum rarissima templa per [orbem),

diva tamen veni, non ut delubra diesque

des mihi sacrificos caliturasque ignibus aras.

Si tamen adspicias, quantum tibi femina [praestem,

tum cum luce nova noctis confinia servo,

praemia danda putes; sed non ea cura neque [hic est

nunc status Aurorae, meritos ut poscat [honores:

Memnonis orba mei venio, qui fortia frustra

pro patruo tulit arma suo primisque sub [annis

occidit a forti, sic vos voluistis, Achille.

Da, precor, huic aliquem, solacia mortis, [honorem,

summe deum rector, maternaque vulnera [leni».

 

(Ov. Met. XIII, 587-599).

 

 

«Inferior a todas a las que sostiene el áureo éter —pues tengo escasísimos templos por toda la tierra— y sin embargo divina, he venido no para que me des santuarios y días de sacrificios y altares que ardan con fuegos. Con todo, si tienes en consideración cuánto a ti, como mujer, te proporciono en el momento en que con la luz nueva de la noche guardo los confines, puedes pensar que se me han de conceder recompensas. Pero no es este mi cuidado ni esta es ahora la actitud de la Aurora, que reclame unos honores merecidos: vengo privada de mi Memnón, que en vano blandió las fuertes armas en favor de su tío y en sus primeros años sucumbió —así vosotros lo quisisteis— a manos del fuerte Aquiles. Concédele, te lo ruego, algún honor consuelo de su muerte, gobernante de los dioses, y alivia mis heridas maternas».

Sus lágrimas y ruegos ablandaron el corazón del dios, que accedió a su petición.

Titono: una inmortalidad complicada

Aurora y Titono, de Francesco Solimena
(1704)

Pero Memnón no es el único para quien Eos solicitó la inmortalidad. De hecho, también la pidió para Titono, el padre del joven, de quien la diosa se había enamorado perdidamente. Eos era bastante enamoradiza por culpa de Afrodita, que la había castigado por su atrevimiento al unirse con Ares. Eso sí, sus amores no solían ir demasiado bien… y la relación con Titono no fue una excepción.

No voy a adelantarme; volvamos al principio. Titono, hijo de Laomedonte y hermano de Príamo, era un príncipe troyano de gran belleza. Fue por eso por lo que atrajo la atención de Eos, que terminó raptándolo, un modus operandi bastante frecuente en el caso de esta diosa: hizo lo mismo con otros de sus amantes, entre ellos Céfalo, uno de los más famosos. El caso es que Eos lo amaba con tanta fuerza que le pidió a Zeus que lo hiciera inmortal. Sin embargo, se olvidó de algo muy importante: la juventud eterna. Así se cuenta en el Himno homérico a Afrodita:

 

ς δ α Τιθωνν χρυσόθρονος ρπασεν [ώς,

μετέρης γενες, πιείκελον θανάτοισι.

Β δ μεν ατήσουσα κελαινεφέα Κρονίωνα,

θάνατόν τ εναι κα ζώειν ματα πάντα:

τ δ Ζες πένευσε κα κρήηνεν έλδωρ.

νηπίη, οδ νόησε μετ φρεσ πότνια Ἠὼς

βην ατσαι ξσαί τ πο γρας λοιόν.

 

(h.Ven. 218-224).

 

 

Así a su vez raptó Eos, de áureo trono, a Titono, de vuestra raza, semejante a los inmortales. Fue a pedirle al Cronión, que cubre el cielo de nubes negras, que fuera inmortal y viviera para siempre. Zeus se lo concedió y cumplió su anhelo. ¡Infeliz! No tuvo en mente la venerable Eos pedir la juventud y que le raspara la funesta vejez.

La consecuencia de tan desafortunado desliz fue que Titono siguió envejeciendo, hasta el punto de que terminó por convertirse en un anciano que apenas podía moverse. Según algunas versiones del mito, Eos, aunque dejó de compartir lecho con él, siguió cuidándolo hasta que de él solo quedó la voz, como se ve en el Himno homérico a Afrodita:

 

ατρ πε πρται πολια κατέχυντο θειραι

καλς κ κεφαλς εηγενέος τε γενείου,

το δ τοι ενς μν πείχετο πότνια ώς,

ατν δ ατ τίταλλεν ν μεγάροισιν [χουσα,

σίτ τ μβροσί τε κα εματα καλ [διδοσα.

λλ τε δ πάμπαν στυγερν κατ γρας [πειγεν,

οδέ τι κινσαι μελέων δύνατ οδ ναεραι,

δε δέ ο κατ θυμν ρίστη φαίνετο βουλή:

ν θαλάμ κατέθηκε, θύρας δ πέθηκε [φαεινάς.

το δ τοι φων έει σπετος, οδέ τι κκυς

σθ, οη πάρος σκεν ν γναμπτοσι [μέλεσσιν.

 

(h.Ven. 228-238).

 

 

Pero cuando los primeros cabellos canos se dejaron caer de la hermosa cabeza y el noble mentón, de su lecho se apartó la venerable Eos. A él todavía lo cuidaba, manteniéndolo en su morada, con alimento y ambrosía y dándole hermosos vestidos. Pero, cuando lo oprimió completamente la odiosa vejez y no podía mover sus miembros ni levantarlos, consideró en su ánimo que esta era la mejor decisión: lo instaló en una habitación y cerró las resplandecientes puertas. Y, ciertamente, su voz fluye inagotable, y no queda nada de la fuerza que en otro tiempo hubo en sus flexibles miembros.

Según otras versiones, Titono no se consumió hasta dejar tras de sí únicamente un hilo de voz, sino que terminó transformado en cigarra.

La Aurora, de William-Adolphe
Bouguereau (1881)
Ovidio también nos muestra a una Eos que ya no desea dormir con su antiguo amante. Una vez pierde su juventud, ese amor que le había abrasado las entrañas se disipa y se aleja de él en cuanto tiene ocasión. El poeta así se lo reprocha en su obra Amores, en un poema en el que se queja porque, con la llegada de la diosa, los amantes deben separarse y ya no se les permite disfrutar de esa compañía de la que habían gozado por la noche:

 

Tithono vellem de te narrare liceret;

femina non caelo turpior ulla foret.

Illum dum refugis, longo quia grandior aevo,

surgis ad invisas a sene mane rotas.

 

(Ov. Am. I. 13, 35-38).

 

 

Querría que a Titono se le permitiera hablar sobre ti: no habría en el cielo una mujer más avergonzada. Huyendo de él porque es demasiado viejo por su larga vida, te subes en las odiadas ruedas, abandonando al anciano.

 

Sin embargo, aunque aquí vemos a una Eos que se apresura a subirse en su carro para iluminar el mundo, no todos los autores grecolatinos la retratan de esta manera. En la Ilíada y la Odisea, por ejemplo, se nos dice que la diosa sigue durmiendo junto a Titono: «ἠὼς δ κ λεχέων παρ γαυο Τιθωνοο / ρνυθ, ν θανάτοισι φόως φέροι δ βροτοσι:», («Eos se levantó del lecho que compartía con el ilustre Titono para llevar la luz a los inmortales y a los humanos», Il. XI, 1-2).

Un paraíso lleno de sombras

Voy a empezar con una pregunta. ¿Os suena la imagen de la vasija griega en la que Eos sostiene a Memnón en sus brazos? En efecto, es la que tiene colgada Menoa Belluci en la pared de su despacho, esa que tanto le gusta a Armadillomon.

© Toei Animation 2020.

No es una casualidad. Tampoco lo es que le ponga Eosmon al digimon al que Tai, Matt y los demás tienen que enfrentarse. Hay algo de la diosa griega en él y también en Menoa, que se ha dedicado a investigar sobre el vínculo que une a humanos y criaturas digitales. Recordemos que, cuando un niño elegido se hace adulto, esos lazos se desvanecen y su digimon desaparece para siempre sin que pueda hacerse nada para evitarlo. Lo que anima a Menoa a buscar con tanto ahínco una solución al problema es su propia tristeza, una tristeza que se ha enquistado en su interior y que se ve incapaz de superar.

Por eso quiere ayudar al resto de los niños elegidos. Solo que la forma en que lo hace no es la más idónea.

© Toei Animation 2020.

¿Qué comparten Eos y Menoa? Para empezar, ese dolor por la separación. La diosa griega —y su versión romana, Aurora, que también aparece mencionada en la película en relación con la vasija griega— sufre porque Aquiles le ha arrebatado a su hijo, historia presente en el filme mediante la imagen de la vasija. Aunque no se hable de Titono, ocurre lo mismo en su caso: Eos teme perderlo —no hay, en este caso, una separación, sino el miedo a la misma— y solicita la inmortalidad para él. Por su parte, Menoa desearía recuperar a su compañero digimon, Morphomon, solo que, en su caso, no hay un Zeus que la ayude. Se encuentra sola ante la adversidad y aprovecha sus habilidades de niña prodigio para cumplir sus deseos. Si ella alcanza el éxito, los demás niños elegidos no tendrán que enfrentarse a ese dolor: podrán evitar la pérdida antes de que sea demasiado tarde. 

La solución, en ambos casos, es muy similar. Eos le pide a Zeus la inmortalidad para su hijo. También para el padre de este cuando aún le es posible impedir su muerte. A su vez, Menoa opta por una suerte de «vida eterna»: un paraíso en el que los dueños de los digimon serán siempre niños, sin llegar a esa temida edad adulta. Por suerte, hay también una juventud eterna, esa que le habría gustado tener a Titono. Cuando Menoa pierde a Morphomon, no hay nadie que le conceda la «inmortalidad» a su compañero perdido, pero ella sí puede evitar que los demás niños elegidos se hagan adultos. 

© Toei Animation 2020.

Y es aquí donde entra Eosmon, ese digimon creado que roba sus consciencias y los deja en coma en el mundo real. Al igual que Eos raptó, por ejemplo, a Titono, la criatura «captura» y digitaliza dichas consciencias en ese Nunca Jamás que Menoa ha ideado para que todos puedan ser felices. Sin embargo, hay algo que la muchacha no tiene en cuenta, como le sucedió también a la diosa: encerrar a los niños elegidos en un paraíso aparente no es la solución a los problemas. Uno debe seguir adelante, pese a todo, y avanzar, tomar nuevas decisiones: en definitiva, crecer. A Eos se le olvidó que Titono necesitaba la juventud eterna, Menoa obvia tanto la voluntad de aquellos a quienes «rapta» como el hecho de que la vida debe seguir su curso. Y por eso sus respectivas historias no terminan como ellas esperaban.

© Toei Animation 2020.

 

¡Con esto termino la entrada de hoy! 😊 Espero que os haya gustado, a mí me ha hecho mucha ilusión escribirla. ¡Llevo unos cuantos meses con ella en la cabeza! Dicho esto, os espero dentro de unos días con una nueva reseña. ¡Hasta entonces! Y muchas gracias por pasaros por aquí. 😊

Bibliografía

Como siempre, aquí tenéis una lista de las referencias que he consultado para escribir la entrada. 😊

Grimal, Pierre (1981). Diccionario de mitología griega y romana (trad. de Francisco Payarols), Barcelona: Paidós.