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viernes, 15 de julio de 2022

Manga y mundo clásico: los enigmas del cielo

Son muchas las formas que tienen los mangakas de reflejar la cultura grecolatina en sus viñetas, como sabréis si lleváis un tiempo en el blog, pero una de las que más me llama la atención es cómo se adaptan los textos clásicos, cómo los autores los toman, los reinterpretan y los hacen suyos. Esto es lo que sucede en Plinivs, de Mari Yamazaki y Tori Miki, un título muy especial en el que ambos nos hablan sobre la figura de Plinio el Viejo, célebre por su obra enciclopédica Historia natural: imaginan su personalidad, su vida —son muy pocos los datos que tenemos sobre él—, y nos la cuentan, combinándola con ciertos elementos de la cultura japonesa y utilizando como inspiración para el autor grecolatino a algunos personajes del país del sol naciente con los que podría tener cosas en común. El año pasado os hablé por primera vez de este manga, publicado en España por Ponent Mon, y me apetecía regresar a él para seguir indagando en el trabajo de Yamazaki y Miki y en cómo integran pasajes de la obra de Plinio en sus viñetas. 🤗

En la entrada de hoy, voy a centrarme en el libro II, algunos de cuyos pasajes sirven como base a los autores para escribir y dibujar el segundo capítulo de su manga, en el que Plinio el Viejo conoce a su futuro asistente, Eukles, uno de los personajes principales de la historia. Como siempre, os advierto que voy a hablar de él en profundidad, así que, si no habéis leído Plinivs y tenéis intención, podéis volver al blog cuando lo hayáis hecho. Sin más dilación, ¡empezamos! 😊

Los fascinantes misterios del cielo

Como os comentaba en la anterior entrada sobre Plinivs —que podéis leer aquí—, la Historia natural, única obra conservada de Plinio el Viejo, es un compendio del saber de su época, de la visión del mundo que se tenía en aquellos tiempos, y el propio autor deseaba que resultase útil a quien se acercase a ella. Así, en sus páginas se tratan temas muy diversos pertenecientes a infinidad de disciplinas científicas.

En concreto, el libro II se dedica a cuestiones relacionadas con la astronomía y la meteorología, desde la forma, el movimiento y los elementos del mundo hasta los astros, sus fases, el cielo y los diferentes fenómenos atmosféricos que se aprecian: la nieve, las tormentas, el granizo… Plinio el Viejo los va desarrollando de forma gradual, mezclando los conocimientos más estrictamente «científicos» con anécdotas e historias. De la cantidad de cuestiones que aborda, voy a fijarme en los pasajes que les dedica a los rayos, ya que son los más importantes para el segundo capítulo de Plinivs, en el que Plinio, sus acompañantes y Eukles se ven sorprendidos por una tormenta que da pie a una conversación.

En la Historia natural, se habla sobre las siguientes cuestiones: dónde caen los rayos, cómo se clasifican y qué características tienen, qué dicen las diferentes culturas sobre ellos, qué relación tienen con determinadas ceremonias e invocaciones, qué leyes los rigen y sobre qué objetos nunca caen. Como veis, son unas cuantas cosas y, por supuesto, no todas se emplean en el manga, así que voy a hacer un recorrido únicamente por los fragmentos que después se trasladan a las viñetas y, de esa manera, ver cómo se insertan en su narrativa y con qué efectos.

Antes de empezar, os pongo en contexto sobre la situación en la que se encuentran los personajes de Plinivs para ir relacionándola con el texto original. Eukles, que vive en la Magna Grecia, acaba de perder su casa y sus bienes debido a una erupción del volcán Etna. Lo único que le queda es una tablilla de cera que perteneció a su padre, muerto antes del desastre. Así, Eukles se plantea marcharse en busca de una nueva vida. Sin embargo, mientras reflexiona sobre su futuro, llega un extraño hombre que entabla una conversación con él: se trata de Plinio, a quien se le ha encargado la tarea de informar a Roma sobre la erupción y sus consecuencias. De repente, los sorprende una tormenta y es entonces cuando Plinio le pide a Eukles que le preste su tablilla: hay cosas que le gustaría dejar anotadas para recordarlas en el futuro. El muchacho se resiste al principio, pero, cuando cae un rayo y el sabio empieza a contarle datos sobre ellos, se percata de lo mucho que le gustaría aprender a su lado. Aunque la conversación se interrumpe a causa de los soldados que escoltan a Plinio, el joven insiste en que le cuente más y le hace preguntas que el sabio responde con mucho gusto.

© Mari Yamazaki, Tori Miki 2014
Dicho esto, empecemos ya con la Historia natural. Lo primero que Plinio nos cuenta, un poco antes del pasaje específico sobre los rayos, es por qué se producen. Por otra parte, intenta explicar cómo se vincula este fenómeno con la mitología y, en concreto, con el dios Júpiter, el Zeus de los romanos, que, como sabréis, tenía los rayos como atributo principal. Así lo expone:

 

Latet plerosque magna caeli adsectatione compertum principibus doctrinae viris, superiorum trium siderum ignes esse qui decidui ad terras fulminum nomen habeant, sed maxime iovis medio loco siti, fortassis quoniam contagium nimii umoris ex superiore circulo atque ardoris ex subiecto per hunc modum egerat, ideoque dictum iovem fulmina iaculari. Ergo ut e flagrante ligno carbo cum crepitu, sic a sidere caelestis ignis exspuitur praescita secum adferens, ne abdicata quidem sui parte in divinis cessante operibus. Idque maxime turbato fit aere, quia collectus umor abundantiam stimulat aut quia turbatur quodam ceu gravidi sideris partu.

 

(Plin. HN. II, 28)

 

 

Muchos no advierten lo que se ha descubierto a partir de una gran observación del cielo por parte de los principales hombres de la ciencia: que los fuegos de los tres astros superiores son los que, tras caer a la tierra, tienen el nombre de rayos, y sobre todo los de Júpiter, ubicado en el lugar del centro, quizá porque de este modo expulsa la contaminación de la humedad excesiva que obtuvo del círculo superior y el ardor del inferior. Por esto se dice que Júpiter lanza rayos. Así pues, como el carbón se suelta de la madera en llamas con un crujido, así del astro es escupido el fuego celestial que lleva consigo los augurios, sin que la parte exhalada cese siquiera en sus labores divinas. Esto se produce con una atmósfera muy turbada porque la humedad acumulada estimula una sobrecarga o porque se perturba de alguna forma como en el parto de un astro preñado.

 

Un poco más adelante, nos habla de lo que pensaban otras culturas sobre los rayos y con qué dioses los vinculaban. Por supuesto, tampoco deja a un lado lo que creían los propios romanos:

 

Tuscorum litterae novem deos emittere fulmina existimant, eaque esse undecim generum; Iovem enim trina iaculari. romani duo tantum ex iis servavere, diurna attribuentes Iovi, nocturna Summano, rariora sane eadem de causa frigidioris caeli.

 

(Plin. HN. II, 57)

 

 

Los escritos de los etruscos estiman que nueve dioses arrojan rayos y que estos son de once tipos; de hecho, Júpiter los lanza de tres. Los romanos conservaron solo dos de ellos, atribuyendo los diurnos a Júpiter y los nocturnos a Sumano, sin duda estos más raros a causa de que el cielo es más frío.

El Júpiter de Esmirna

Por cierto, ese Sumano al que menciona debía de ser una divinidad etrusca en su origen que después tuvo su culto en Roma y se asoció con Júpiter.

En Plinivs, esta información se nos da en dos instantes diferentes. Al principio de la tormenta, cuando cae un rayo que hace arder un árbol, Plinio explica cómo se produce este fenómeno y menciona las condiciones que deben darse para ello, solo que sus acompañantes no dejan de interrumpirlo para meterle prisa y marcharse de allí antes de que haya problemas. Esas distracciones hacen que el sabio introduzca en su discurso una serie de datos relacionados con otros temas. Retoma la explicación sobre cómo se generan los rayos cuando Eukles, admirado por sus conocimientos, le pregunta al respecto para ampliar información y le habla de sus propias creencias: a él, de ascendencia griega, le explicaron que era Zeus el que lanzaba los rayos, pero Plinio lo desmiente utilizando este pasaje de la Historia natural. Habla sobre los tres planetas, sobre el principal, Júpiter, y sobre cómo la explicación racional se fue mezclando con la mitología.

Si continuamos buceando en los pasajes del libro II, lo siguiente a lo que se refiere Plinio es a cuándo se producen las tormentas, en qué momento son más o menos habituales. Y dice:

 

Hieme et aestate rara fulmina contrariis de causis, quoniam hieme densatus aer nubium crassiore corio spissatur, omnisque terrarum exhalatio rigens ac gelida quicquid accipit ignei vaporis exstinguit.

 

(Plin. HN. II, 55)

 

 

En invierno y en verano, los rayos son raros por razones opuestas, puesto que en invierno el aire se hace más denso a causa de una capa de nubes más gruesa y todo el vaho de la tierra, helado y gélido, extingue cualquier vapor ígneo que contengan.

© Mari Yamazaki,
Tori Miki 2014

Eso sí, después explica que en primavera y otoño la situación es totalmente distinta, ya que las tormentas se vuelven más habituales. Asimismo, Plinio habla sobre algunas regiones de Italia que, debido a su clima, sufren este fenómeno atmosférico con más frecuencia. En el manga, el personaje de Yamazaki y Miki hace comentarios sobre los rayos, el clima y el frío justo cuando le ofrece una primera explicación sobre estas cuestiones a Eukles, que mira asombrado cómo el fuego causado por el rayo consume uno de los árboles que quedaban en pie.

A continuación, en la Historia natural se clasifican los rayos y se nos indica por qué se caracteriza cada uno:

 

Fulminum ipsorum plura genera traduntur. Quae sicca veniunt, non adurunt, sed dissipant; quae umida, non urunt, sed infuscant. Tertium est quod clarum vocant, mirificae maxime naturae, quo dolia exhauriuntur intactis operimentis nulloque alio vestigio relicto, aurum et aes et argentum liquatur intus, sacculis ipsis nullo modo ambustis ac ne confuso quidem signo cerae.

 

(Plin. HN. II, 56)

 

 

Está escrito que hay muchos tipos de rayos. Los que vienen secos no queman, pero destruyen; los húmedos no queman, pero ennegrecen. El tercero es al que llaman «claro», de naturaleza especialmente maravillosa. Por este se vacían los toneles, quedando intactas las tapaderas y no dejando ningún otro resto. El oro, el cobre y la plata se funden dentro de los saquitos sin que estos se quemen y ni siquiera se estropee el sello de cera.

El Plinio de Yamazaki y Miki se refiere a esta clasificación en la segunda parte de su exposición, cuando Eukles le da a entender que quiere saber más. Incluso hace referencia a lo que el Plinio original dice sobre los toneles que se quedan vacíos. ¡Es como si el personaje estuviera recitando el pasaje de la obra original! Justo en este momento, Eukles le pide al sabio que le permita apuntar lo que está diciendo porque le parece muy interesante, ya hacia el final del capítulo.

El último pasaje al que me voy a referir tiene que ver con algo un poco más escabroso: a qué tipos de seres vivos puede matar un rayo. Sobre este asunto, Plinio recoge lo siguiente:

 

Unum animal, hominem, non semper exstinguit, cetera ilico, hunc videlicet natura tribuente honorem, cum tot beluae viribus praestent. […] Nullum animal nisi exanimatum fulmine accenditur.

 

(Plin. HN. II, 60)

 

 

A un único ser vivo, el hombre, no siempre lo matan —a los demás al punto—, como concediéndole la naturaleza un honor cuando tantos animales lo aventajan en fuerza. […] Ningún ser vivo arde a no ser que haya muerto por un rayo.

© Mari Yamazaki, Tori Miki 2014

¿En qué momento de Plinivs se introduce este fragmento? Justo cuando la primera explicación del naturalista es interrumpida por sus acompañantes, que, aterrados, quieren largarse del lugar donde se encuentran por si acaso, no vaya a caerles un rayo encima. Plinio les da esta información para tranquilizarlos —y que, de esa forma, le permitan quedarse un poco más para observar el fenómeno y saciar sus ansias de conocimiento—. Además, corrobora su explicación con una breve anécdota que, en la Historia natural, cierra el pasaje sobre los tipos de rayos, que ya hemos visto:

 

Marcia, […] princeps romanorum, icta gravida partu exanimato ipsa citra ullum aliud incommodum vixit.

 

(Plin. HN. II, 56)

 

 

Marcia, una noble romana, tras ser golpeada por un rayo cuando estaba embarazada, aunque su hijo murió, vivió sin ningún otro daño.

 

Por supuesto, Plinio el Viejo cuenta otras muchas cosas. Si sentís curiosidad, os animo a que leáis, al menos, ciertos pasajes de su obra. ¡Algunos son muy curiosos!

El conocimiento que une

© Mari Yamazaki, Tori Miki 2014

Ahora bien, Mari Yamazaki y Tori Miki no solo introducen estos pasajes de la Historia natural en su manga para dar a conocer la figura de Plinio y su obra —que también—, sino que les conceden una función dentro de la narrativa del capítulo 2. Al fin y al cabo, este es importante para los protagonistas, ya que Plinio y Eukles se conocen: constituye el principio del vínculo que los va a unir en el futuro y que se irá estrechando con el tiempo.

La base de esa relación es, precisamente, el conocimiento, lo que Plinio sabe y lo que Eukles ignora, lo que les parece interesante a ambos. El muchacho de la Magna Grecia se ve frente a un fenómeno, el rayo, que le resulta sorprendente y, de alguna forma, prodigioso porque, según él mismo dice, las historias que le habían contado lo relacionaban con la divinidad. Las palabras de Plinio despiertan en él un sentido de la maravilla diferente: encuentra una explicación más racional y su curiosidad se aviva. Así, mediante dicho conocimiento, la distancia que había entre ambos al principio —Plinio lo pilla por sorpresa, Eukles se muestra reticente a hablar con él y a prestarle la tablilla de cera, único recuerdo de su padre— se reduce drásticamente.

© Mari Yamazaki, Tori Miki 2014

A este objetivo obedece también el orden en el que se utilizan los pasajes de la Historia natural. Como acabamos de ver, Mari Yamazaki y Tori Miki los trasladan a viñetas de una manera desordenada con respecto al texto clásico, lo que también hace la escena mucho más dinámica y espontánea. Cuando el rayo cae, la reacción natural de Plinio, como entusiasta de la naturaleza y del saber, es explicar lo que conoce sobre el fenómeno, también porque lo está viendo y puede comprobar la información de primera mano. De esa forma, suscita el interés de Eukles. No obstante, también es lógico el comportamiento de los soldados que lo acompañan, asustados ante la magnitud de la tormenta, de ahí que Plinio se interrumpa y recurra a algunos datos que le puedan servir para calmar los ánimos. ¿Y qué mejor que una historia, la de Marcia, para cerrar su discurso? Una vez que lo ha conseguido, se puede retomar el hilo inicial de la conversación y ahora es Eukles el que empieza, mostrando su necesidad de saber y derribando esas reticencias que sentía al principio. Él, que antes se había alejado de Plinio, ahora se acerca al sabio. La culminación se produce cuando el propio muchacho se ofrece a anotar las observaciones del naturalista.

De esta forma, Mari Yamazaki y Tori Miki adaptan al manga una obra complicada de trasladar a viñetas, generando curiosidad en el lector e integrándola plenamente en la historia que quieren contar y en las relaciones que establecen sus personajes entre sí. Además, tanto Plinio como Eukles quedan caracterizados mediante sus palabras y sus reacciones, lo que nos permite conocerlos un poco mejor.

 

Con esto, termino la entrada de hoy. 😊 ¡Espero que os haya gustado! En el futuro, volveré a Plinivs; aún quedan cosas que decir sobre la forma en que Mari Yamazaki y Tori Miki utilizan la Historia natural. Por mi parte, os espero dentro de unos días con una nueva reseña. ¡Hasta entonces! Y espero que no estéis llevando muy mal la ola de calor.

 

Bibliografía

Como siempre, os dejo aquí un listado de referencias que me han servido para escribir la entrada, para que las consultéis por si sentís interés. 😊 Para ver la fuente de las fotografías, podéis clicar en ellas.  

Bellisime, Marion (2017b). «Manga Romae (3/3): Pline», en Actualités des études anciennes, ISSN: 2492.864X. En línea. disponible en: <https://reainfo.hypotheses.org/7698>.

Buchet, Elisabeth (2019). «Entre Rome et Japon: l’histoire romaine en manga», en Bièvre-Perrin, Fabien (ed.), Antiquipop | L'Antiquité dans la culture populaire contemporaine, ISSN 2553-4114. En línea. Disponible en: <https://antiquipop.hypotheses.org/6696>.

Fontán, Antonio, Moure Casas, Ana María et al. (eds. y trads.) (1995). Plinio el Viejo. Historia Natural. Libros I-II, Madrid: Gredos.


lunes, 25 de abril de 2022

Manga y mundo clásico: enemigos de leyenda

Hace ya mucho tiempo que quería hablar de Bestiarius, publicado en español por Milky Way Ediciones, en el blog. Y no solo porque Masasumi Kakizaki decidiera ambientar esta historia de fantasía y aventuras en la antigua Roma: sin este manga, no habría Afrodita L. Cuando estaba pensando en el tema para mi trabajo de fin de grado, fue uno de los títulos que me ayudaron a decidirme y despertaron mi interés por el tratamiento que recibía la Antigüedad clásica en la cultura popular del país del sol naciente. De hecho, cuando tuve mi primera reunión con mi tutor para hablarle sobre lo que había pensado, el primer tomo de Bestiarius vino conmigo, junto con Unico y Thermae Romae. ¡Así que ha llegado el momento de hacerle un hueco en el blog! Y no será el último: hay muchos temas sobre los que hablar, desde los propios gladiadores y su mundo hasta la figura del emperador Domiciano.

Ahora, sin embargo, no voy a centrarme en estos asuntos. La entrada de hoy tiene que ver, de nuevo, con la mitología. En el mundo en el que transcurre Bestiarius, una Roma reimaginada, los humanos conviven con criaturas fantásticas de todo tipo, procedentes de diferentes culturas y mitologías. Por supuesto, no podían faltar algunos de los monstruos y bestias más importantes de la cultura grecolatina, y entre ellos se encuentra la protagonista del post de hoy: la quimera, un terrible enemigo que pondrá en aprietos a los protagonistas de Kakizaki, el bestiarius Finn, un gladiador especializado en la lucha contra seres de leyenda, y Durandal, el guiverno que lo cría y lo entrena hasta convertirlo en el valiente hombre que es. Puesto que la quimera aparece cuando ya el manga está avanzado, como siempre, os hago una advertencia: va a haber spoilers de la trama, así que, si no habéis leído Bestiarius y tenéis ganas de hacerlo, deteneos aquí, que no quiero destriparos nada. 😊 Dicho esto, ¡vamos allá!

Tres animales, una bestia

Belerofonte matando a la quimera
Como os comentaba al principio, hoy voy a hablaros de la quimera, uno de los monstruos más terribles de la mitología grecolatina. Y no es para menos, tanto por su aspecto como por su linaje. En la Teogonía, Hesíodo nos cuenta que sus padres fueron Tifón y Equidna o la hidra de Lerna —las palabras que emplea en el pasaje son un poco ambiguas y pueden hacer referencia a cualquiera de las dos—. También nos describe su apariencia, que seguro que os suena:

 

δ Χίμαιραν τικτε πνέουσαν μαιμάκετον [πρ,

δεινήν τε μεγάλην τε ποδώκεά τε κρατερήν [τε:

τς δ ν τρες κεφαλαί: μία μν χαροποο [λέοντος,

δ χιμαίρης, δ φιος, κρατεροο [δράκοντος.

 

(Hes. Th. 319-324).

 

 

Esta [la hidra / Equidna] parió a la quimera, que exhalaba un fuego implacable; era terrible, enorme, ágil y violenta. Tenía tres cabezas: una de un león de brillante mirada, otra de cabra, otra de serpiente, de violento dragón.

Lo que dice no suena demasiado bien, ¿verdad? Si bien es cierto que Hesíodo no nos da detalles sobre las atrocidades que cometía el monstruo, nos las podemos imaginar. Apolodoro, en su Biblioteca, sí nos cuenta brevemente algunas de las desgracias que ocurrían por su culpa, justo después de describir la forma de la bestia:

 

κα τν χώραν διέφθειρε, κα τ βοσκήματα λυμαίνετο: μία γρ φύσις τριν θηρίων εχε δύναμιν.

 

(Apollod. Bibliotheca, II, 3).

 

 

Devastaba la región y causaba daños al ganado, pues se trataba de una única criatura que tenía la fuerza de tres bestias.

Plato de figuras rojas con una quimera

Como veis, es normal que tuviera a la gente aterrorizada. Sin embargo, como suele pasar en la mitología clásica con este tipo de criaturas, surgió un héroe capaz de derrotarla y, de esa forma, le devolvió la paz al pueblo. En este caso, el encargado de acabar con la bestia fue Belerofonte, un muchacho perteneciente a la realeza de Corinto, hijo de Poseidón. Las circunstancias que lo llevaron a encargarse de una tarea tan peligrosa no fueron las mejores, a decir verdad: mató accidentalmente a un hombre —muchas de las versiones apuntan a su hermano, Delíades, pero en otras se registran nombres diferentes—, por lo que tuvo que marcharse de su hogar. Para purificar el crimen, acudió a la casa del rey Preto, en Tirinto. Sin embargo, al muchacho aún le esperaban desgracias. Concretamente, las derivadas de un amor no correspondido: la esposa de Preto, Estenebea, se encaprichó del joven, quien hizo oídos sordos a sus proposiciones. Por supuesto, la mujer quiso vengarse, y para ello urdió mentiras y engaños. 

 

Βελλεροφόντης δ Γλαύκου το Σισύφου, κτείνας κουσίως δελφν Δηλιάδην, ς δέ τινές φασι Πειρνα, λλοι δ λκιμένην, πρς Προτον λθν καθαίρεται. κα ατο Σθενέβοια ρωτα σχει, κα προσπέμπει λόγους περ συνουσίας. το δ παρνουμένου, λέγει πρς Προτον τι Βελλεροφόντης ατ περ φθορς προσεπέμψατο λόγους. Προτος δ πιστεύσας δωκεν πιστολς ατ πρς οβάτην κομίσαι, ν ας νεγέγραπτο Βελλεροφόντην ποκτεναι.

 

(Apollod. Bibliotheca, II, 3).

 

 

Belerofonte, hijo de Glauco, hijo de Sísifo, tras matar sin querer a su hermano Delíades —al que algunos llamaban Pirén y otros, Alcímenes—, cuando llegó a casa de Preto fue purificado. Pero Estenebea se enamoró de él y le hizo llegar una proposición para tener trato íntimo con él. Como este se negó, le dijo a Preto que Belerofonte le había hecho proposiciones deshonrosas. Preto, al creérselo, le dio una carta para que se la llevara a Yóbates en la que había escrito que este matara a Belerofonte.

Por suerte para Belerofonte, Yóbates, el suegro de Preto y monarca de Licia, no quiso matarlo. Al menos, no directamente, ya que se trataba de su huésped y acabar con su vida podría traerle desgracias. Pero había una buenísima forma de librarse del muchacho sin mancharse las manos de sangre: enviarlo a una misión suicida. Y por eso le ordenó que matase a la quimera, que, como hemos visto antes, causaba muchos problemas en la región. Yóbates estaba seguro de que Belerofonte no saldría victorioso —al fin y al cabo, no era fácil derrotar a la bestia, y mucho menos si uno se enfrentaba a ella completamente solo—. No contaba con que el joven recibiría la ayuda de una criatura muy especial: Pegaso.

 

ναβιβάσας ον αυτν Βελλεροφόντης π τν Πήγασον, ν εχεν ππον κ Μεδούσης πτηνν γεγεννημένον κα Ποσειδνος, ρθες ες ψος π τούτου κατετόξευσε τν Χίμαιραν.

 

(Apollod. Bibliotheca, II, 3).

 

 

Así pues, Belerofonte, después de montar sobre Pegaso —que era un caballo alado nacido de la unión entre Medusa y Poseidón—, elevándose hacia las alturas, desde allí asaeteó a la quimera.

 

Belerofonte es enviado en busca de la quimera,
de Alexander Ivanov (1829)

Os podéis imaginar cómo se quedó Yóbates cuando Belerofonte regresó sano y salvo, ¡y habiendo matado al monstruo! Después de aquello, el rey le impuso más pruebas, con la esperanza de que muriese en el transcurso de alguna. Incluso maquinó una emboscada —ya como último recurso—, sin saber que Belerofonte acabaría con todos los atacantes. Finalmente, Yóbates se rindió y, admirado tanto por su linaje divino como por su capacidad para superar todos los retos que se le ponían por delante, lo casó con su hija y lo convirtió en su heredero.

La muerte de Belerofonte no fue tan gloriosa, eso sí. Y es que, como muchos otros personajes de la mitología, cayó en esa falta que los griegos llamaban βρις, ‘hýbris’, ese intento arrogante de los seres humanos por superar los límites impuestos por la divinidad. Según muchas versiones —aunque algunas difieren en ciertos detalles de la historia—, el muchacho quiso elevarse hacia el Olimpo a lomos de Pegaso para, de esa forma, alcanzar la morada de los dioses. A Zeus, por supuesto, no le hizo ninguna gracia, así que consiguió que el caballo alado se encabritara y tirara a su jinete, quien murió al estrellarse contra el suelo. Pegaso, después, fue convertido en una constelación.

El arma más temible del Imperio romano

© Masasumi Kakizaki 2013

Como comentaba al principio, son muchas las criaturas fantásticas que aparecen en Bestiarius: minotauros, mantícoras, licántropos, elfos… Masasumi Kakizaki propone una mezcla interesante para dar forma a su Imperio romano, que se erige como un enemigo casi imposible de batir. Y digo casi porque Finn, Durandal y sus compañeros no se rinden, sin importar los reveses que el destino tenga preparados para ellos. Realmente, esa es la principal función de los elementos de la Antigüedad clásica que toma Kakizaki como base para su historia: convertirse en un obstáculo prácticamente insuperable. ¿Qué mejor forma de resaltar la heroicidad de sus personajes que enfrentarlos a un rival de este tipo? El Imperio romano es perfecto para ello —algo similar sucedía en Gigantomachia, de Kentaro Miura, del que os hablé aquí—. Pero no solo eso: también algunas de las bestias más terroríficas de la mitología funcionan a la perfección como adversarios. Es aquí donde entra la quimera, que Kakizaki utiliza en los dos últimos tomos de la serie para darle más emoción al argumento y poner sobre el papel combates épicos. Recordad que hay spoilers —¡os lo repito por si os habéis saltado la introducción!—.

© Masasumi Kakizaki 2013

Antes de referirme a cómo usa nuestro mangaka a la quimera, voy a poneros en situación por si no os acordáis con detalle del argumento. En el tomo 6 de la obra, Finn, Durandal y sus compañeros han puesto al Imperio romano contra las cuerdas. Los soldados cada vez tienen más problemas para acabar con la resistencia del Pueblo Libre, y el propio emperador Domiciano —que no se caracteriza por ser el hombre más valiente del mundo— está desquiciado. Por eso su esposa, Domicia, decide tomar cartas en el asunto: va en busca de Ciro, un semielfo oscuro que tuvo como fruto de un desliz con un subhumano. Domicia se avergüenza de él, por supuesto, pero no duda en utilizarlo como arma. Al fin y al cabo, Ciro es cruel, despiadado y muy buen guerrero. Le ofrece un ejército para terminar con Finn y Durandal, pero el semielfo lo masacra para que la emperatriz le permita acudir a la única criatura que podría hacerle frente al Pueblo Libre: la quimera Longinus, que lo crio cuando Domicia quiso deshacerse de él. Fue la bestia la que le enseñó a luchar y lo convirtió en el ser desalmado que es. De esa forma, Longinus se vuelve una de las principales bazas del imperio: terrible, implacable, dirige varias ofensivas contra Finn y los suyos, y devasta los territorios de Britania, donde se esconden, al igual que hacía su homónima en la mitología grecolatina.

© Masasumi Kakizaki 2013

Kakizaki opta por una quimera que se asemeja bastante a la original en su apariencia física: vemos la parte de león, la de cabra y la de serpiente o dragón, aunque le añade también una cabeza de águila y alas, tal vez para hacerla aún más terrible. De esa forma, puede atacar también desde el cielo y lanzar sus llamas a la tierra; en estos momentos, el Pueblo Libre, formado por humanos y subhumanos que conviven, apenas puede defenderse. Pero presenta también varias diferencias con respecto a su modelo original. Para empezar, no se trata de una criatura única: podemos intuir que hubo otras quimeras, ya que se dice que Longinus es la última. Por otra parte, aparece «humanizada» en cierto modo: es capaz de hablar, cría a Ciro como si de su hijo se tratara —aunque, por supuesto, no le dé el cariño de un padre y después pretenda utilizarlo como un instrumento para conseguir poder— y tiene objetivos más propios de un ser humano que de una bestia irracional —fundamentalmente, hacerse con el imperio—. En mi opinión, esta transformación que sufre la criatura se debe a que, así, encaja mejor en el argumento de la historia: al fin y al cabo, «ayuda» a Domicia no porque esté realmente bajo sus órdenes ni porque sus soldados la controlen, sino porque ansía gobernar. Kakizaki añade un elemento más a las conspiraciones e intrigas que se gestan en el seno del palacio imperial. Y, además, es uno bastante interesante.

© Masasumi Kakizaki 2013

La otra razón por la que creo que la quimera está humanizada —aunque solo aparezca en ella la peor parte de nuestra esencia— es porque, así, se puede poner sobre el papel una vez más que humanos y subhumanos no son tan diferentes, aunque el imperio considere inferiores a los segundos. La propia Domicia lo manifiesta cuando, en una de las reuniones que tiene con el emperador, sus consejeros y sus generales, propone utilizar a Longinus para acabar con Finn y los demás y, después, librarse de la criatura: es una simple bestia. Sin embargo, no podría estar más equivocada. ¿Es Longinus peor que un imperio que masacra a la gente, esclaviza y se divierte cuando humanos y subhumanos se matan mutuamente en la arena del Coliseo? ¿O peor que Domicia, que abandonó a Ciro a su suerte, con idea de que la quimera iba a comérselo, para enterrar un secreto que podría haberle supuesto un escándalo? Longinus es un monstruo, sí, pero Domicia, el emperador y su círculo también. Tanto en humanos como en subhumanos puede encontrarse lo mejor y lo peor: solo se diferencian por su aspecto físico, por su raza, no por cómo sienten o se comportan.

© Masasumi Kakizaki 2013

Por suerte para el Pueblo Libre, al igual que sucedía en la mitología clásica, hay un héroe dispuesto a acabar con la amenaza de la quimera. Más bien, un hombre y un ser alado —aunque físicamente no tenga nada que ver con Pegaso—: Finn y Durandal, el guiverno. Antes de ellos, quien lo intenta es Ciro, después de que Finn le abra los ojos, le descubra que hay cosas mucho más gratificantes que el odio y la rabia y Longinus decida acabar con su «hijo» por lo que considera una traición. El semielfo no sobrevive, aunque, de alguna forma, se redime por todo el mal que ha causado.

Pero vuelvo a Finn y Durandal. Cuando el primero escapa de Roma gracias a Ciro y regresa con los suyos, enseguida se ve obligado a prepararse para una batalla decisiva. Por supuesto, el imperio no está dispuesto a permitir que el Pueblo Libre se salga con la suya, así que envía a sus legiones, bajo el mando de Longinus, para que destruyan su base en Hebden, Britania, y les arrebaten la vida a todos sus habitantes. Conviene aplastar a todos los rebeldes para mayor gloria de Roma y su emperador.

Sin embargo, Finn y Durandal han demostrado con creces que son unos héroes. Sus hazañas son incontables y han llegado a oídos de mucha gente a lo largo y ancho del imperio. El Pueblo Libre los mira con esperanza; por eso, muchos de sus compañeros se sacrifican para salvarlos: los necesitan vivos. ¿Quién mejor que ellos para acabar con la quimera, el arma más poderosa de sus enemigos? En principio, es el guiverno el que decide luchar con ella mientras Finn se ocupa de los soldados romanos, pero al final, igual que en el mito de Belerofonte, se necesitan el uno al otro. Colaboran. Y terminan con la bestia desde el aire, solo que de una manera un poco diferente a la del mito: mientras Durandal entretiene a Longinus, Finn salta sobre la bestia y le clava su espada. Esta nueva gesta no hace sino engrandecer la figura de los protagonistas de Kakizaki. Belerofonte fue en busca de la quimera porque Yóbates pensó que así moriría, pero esa y otras heroicidades hicieron que el rey lo admirara. En el caso de Finn y Durandal, hay una inversión en este sentido: matar a Longinus no es una manera de impresionar a sus compañeros o a quienes apenas los conocen, sino la culminación de su leyenda. Por supuesto, sus motivos también son distintos: Belerofonte cree que va a acabar con una amenaza para los griegos; Finn y Durandal, además de eso, quieren demostrar cómo es un verdadero vínculo entre padre e hijo, tan alejado de la relación que tenían Longinus y Ciro.

© Masasumi Kakizaki 2013

En mi opinión, como acabo de comentaros, hay ciertos paralelismos entre Belerofonte y Pegaso, Finn y Durandal. Sin embargo, cada uno de ellos sigue su propio camino y tiene un papel en su historia, de ahí las diferencias que existen entre ellos, entre Bestiarius y el mito original. De lo que no hay duda es de que Kakizaki sabe cómo emocionarnos con las heroicidades de sus personajes, que parecen luchar contra un enemigo invencible y, pese a todo, nunca se rinden.

 

Con esto, termino la entrada de hoy. 😊 ¡Espero que os haya gustado! En el futuro, volveré a Bestiarius para comentar más cosas sobre el manga; como os decía al principio, aún hay mucho que analizar. Dicho esto, os espero dentro de unos días con una nueva reseña. ¡Hasta entonces! Y gracias por leer. 😊

 

 

Bibliografía

Como siempre, os dejo por aquí una lista de referencias que he utilizado para escribir la entrada. 😊

Grimal, Pierre (1981). Diccionario de mitología griega y romana (trad. de Francisco Payarols), Barcelona: Paidós.