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lunes, 27 de junio de 2022

Manga y mundo clásico: la belleza que conquistó el espacio exterior

Hace unos días, en un ratito libre que me dejaron las muchas tareas que se me han acumulado en junio, me puse a revisar las entradas que tengo pensadas para los próximos meses. Por lo general, organizo más o menos lo que voy a escribir para hacerme una idea, pero, de vez en cuando, me salto mi plan y decido ponerme con otros textos. Siento un pálpito, algo me dice que esa es la entrada que debo escribir. Y con la que os traigo hoy me pasó eso. De todos los mitos y personajes que aparecían en la libreta donde organizo mi calendario, Adonis era el que más me pedía un hueco en Afrodita L. Había dejado una cuenta pendiente con él cuando escribí la entrada sobre la hidra en Z Mazinger, de Gô Nagai, así que tocaba retomar el episodio para concederle un poco más de protagonismo.

Hoy, por tanto, regreso a ese manga en el que Nagai reinterpreta a sus propios personajes para ligarlos a la mitología grecolatina. Los dioses del Olimpo se han dividido en dos bandos: los que quieren acabar con la Tierra y los que van a protegerla de todo mal. Es ahí donde entra Z Mazinger, el cuerpo de Zeus, padre de los dioses, modificado para salvar a la humanidad, y también Afrodita, que se une a él en su causa. Los cinco volúmenes de los que se compone la historia nos muestran esa rivalidad que parece no tener fin: intrigas, peleas, monstruos… En la entrada de hoy, vuelvo al episodio del que os hablé hace unos meses para completarlo. Como siempre, os advierto que hay spoilers de la trama. Si no habéis leído Z Mazinger y os apetece hacerlo, podéis volver más adelante. 😊 Sin más dilación, ¡empezamos!

El muchacho que encandiló a los dioses

El nacimiento de Adonis, de Marcantonio Franceschini
(ca. 1685)

La historia de Adonis, personaje asociado en la Antigüedad con la vegetación, la muerte y el renacer, comienza con un amor prohibido, incestuoso. La hija del rey de Siria, Mirra —o Esmirna— se enamoró de su padre. ¿La culpable? Afrodita —aunque hay ciertos autores que culpan a las furias. Según algunas versiones, la madre de la joven cometió esa falta tan terrible que es la hýbris, como ya hemos visto en muchas ocasiones, y afirmó que su hija era más bella que la diosa. Por supuesto, ella no podía dejar las cosas así. La pobre Mirra intentó ignorar los sentimientos que habían aflorado en su interior, pero no pudo. Ovidio, en el libro x de sus Metamorfosis, nos muestra su desesperación:

 

Ultra autem spectare aliquid potes, impia [virgo?

Et quot confundas et iura et nomina, sentis!

Tune eris et matris paelex et adultera patris?

Tune soror nati genetrixque vocabere [fratris?

Nec metues atro crinitas angue sorores,

quas facibus saevis oculos atque ora petentes

noxia corda vident? At tu, dum corpore non [es

passa nefas, animo ne concipe, neve [potentis

concubitu vetito naturae pollue foedus.

Velle puta: res ipsa vetat. Pius ille [memorque est

moris — et o vellem similis furor esset in [illo!

(Ov. Met. X, 345-355)

 

 

¿Es que puedes proponerte algo más allá, impía muchacha? ¿Te percatas de cuántas leyes y nombres confundes? ¿Acaso tú serás la rival de tu madre y la concubina de tu padre? ¿Acaso tú te llamarás hermana de tu hijo y madre de tu hermano? ¿No temerás a las hermanas de cabellera de negras serpientes, sobre las que los corazones criminales ven que atacan sus ojos y rostros con crueles antorchas? Pero tú, mientras en tu cuerpo no haya ocurrido esta impiedad, no la concibas en tu ánimo ni mancilles con una unión prohibida el pacto de la poderosa naturaleza. Piensa qué quieres: la propia realidad te lo prohíbe. Él es piadoso y atiende a la costumbre. ¡Oh, querría que hubiera en él una locura parecida a la mía!

Mirra en el Infierno de Dante, de Gustavo Doré 
(siglo XIX)

La desdichada joven incluso intentó quitarse la vida, pero su nodriza no se lo permitió. Así lo vemos en algunas versiones, entre otras, la del propio Ovidio. En lugar de eso, la ayudó a consumar ese amor que la quemaba por dentro. Ambas urdieron un plan para engañar a su padre y la joven por fin pudo cumplir su anhelo más profundo: unirse con él. Pero el hombre terminó enterándose del engaño y, enfurecido, decidió acabar con su hija. La joven trató de huir e imploró a los dioses que la ayudaran. Estos la transformaron en un árbol, del que, unos meses después, nació un precioso niño: Adonis. Afrodita, que había causado la desgracia de su madre, lo acogió, conmovida, y terminó enamorándose de él.

 

Labitur occulte fallitque volatilis aetas,

et nihil est annis velocius. Ille sorore

natus avoque suo, qui conditus arbore [nuper,

nuper erat genitus, modo formosissimus [infans,

iam iuvenis, iam vir, iam se formosior ipso [est:

iam placet et Veneri matrisque ulciscitur [ignes.

(Ov. Met. X, 519-524)

 

 

Se desliza ocultamente y engaña la edad alada, y nada es más veloz que los años. El nacido de su hermana y de su abuelo, que hace poco estaba escondido en un árbol y había nacido, ahora es un hermosísimo niño, ya un joven, ya un hombre, ya es más hermoso que él mismo, ya incluso agrada a Venus y venga el fuego de su madre.

 

El despertar de Adonis, de John William Waterhouse (1899-1900)

Pero no fue la única que se dejó cautivar por el muchacho: también Perséfone, la esposa de Hades, cayó en sus redes. Afrodita le confió a Adonis para que lo cuidara durante un tiempo, pero ella se negó a devolvérselo. El problema no parecía tener solución, así que Zeus intervino y determinó que el joven debería pasar un tiempo con cada una. Apolodoro nos lo cuenta en su Biblioteca:

 

δεκαμηνιαί δ στερον χρόν το δένδρου αγέντος γεννηθναι τν λεγόμενον δωνιν, ν φροδίτη δι κάλλος τι νήπιον κρύφα θεν ες λάρνακα κρύψασα Περσεφόν παρίστατο. κείνη δ ς θεάσατο, οκ πεδίδου. κρίσεως δ π Δις γενομένης ες τρες μοίρας διρέθη νιαυτός, κα μίαν μν παρ αυτ μένειν τν δωνιν, μίαν δ παρ Περσεφόν προσέταξε, τν δ τέραν παρ φροδίτ: δ δωνις ταύτ προσένειμε κα τν δίαν μοραν.

 

(Apollod. Bibliotheca, III, 14.4)

 

 

Transcurridos diez meses, una vez se quebró el árbol, nació el llamado Adonis, al que Afrodita, por su belleza, escondió de los dioses en una caja, aún niño, y, después de ocultarlo, se lo llevó a Perséfone. Ella, cuando lo vio, no se lo devolvió. Al quedar la decisión en manos de Zeus, dividió el año en tres partes y ordenó que, en la primera, Adonis estaría por su cuenta; otra la pasaría con Perséfone; otra, con Afrodita. Pero Adonis le concedió a ella también su propia parte.

 

Venus, Adonis y Cupido, de Annibale Carracci (ca.1590)

Como acabáis de leer, sin embargo, Adonis le ofreció a Afrodita todo el tiempo que pudo. Surgió entre los dos un amor tan intenso que la diosa dejó de visitar los lugares sobre los que gobernaba y el Olimpo para estar junto al muchacho, que había encontrado en la caza una gran afición. La diosa siempre lo acompañaba, aunque con cierta inquietud. Adonis debía tener cuidado si no quería terminar mal. En las Metamorfosis, a modo de premonición, le habla de esta forma:

 

Te quoque, ut hos timeas, siquid prodesse [monendo

possit, Adoni, monet, «fortis» que [«fugacibus esto»

inquit «in audaces non est audacia tuta.

Parce meo, iuvenis, temerarius esse periclo,

neve feras, quibus arma dedit natura, [lacesse,

stet mihi ne magno tua gloria. Non movet [aetas

nec facies nec quae Venerem movere, [leones

saetigerosque sues oculosque animosque [ferarum.

Fulmen habent acres in aduncis dentibus [apri,

impetus est fulvis et vasta leonibus ira,

invisumque mihi genus est».

 

(Ov. Met. X, 542-552)

 

 

A ti también te advierte para que los temas, Adonis, si advertirte pudiera servirte de algo. «Sé valiente con los que huyen —dice—, contra los audaces la audacia no es segura. Deja de ser temerario, joven, para mi peligro, y no irrites a las fieras, a las que la naturaleza dio armas, que no me cueste demasiado tu gloria. No conmueven la edad ni la belleza ni lo que a Venus ha conmovido a los leones ni a los hirsutos jabalíes ni a los ojos y almas de las fieras. Tienen un rayo en sus curvos colmillos los impetuosos jabalíes, la violencia y la vasta ira son de los leones, una raza odiosa para mí».

 

La muerte de Adonis, de Juan Bautista Martínez
del Mazo (siglo XVII)

Sus predicciones terminaron cumpliéndose. Cierto día, mientras Adonis cazaba, un jabalí lo atacó y le clavó sus terribles colmillos. Según algunas versiones, Ártemis lo había puesto en su camino, furiosa porque Afrodita había tenido mucho que ver en la muerte de uno de sus discípulos, Hipólito. De acuerdo con otras, fue Apolo quien quiso consumar su venganza, ya que la diosa del amor había cegado a uno de sus hijos, Erimanto, porque la había visto desnuda. También pudo ser Ares, celoso de que Afrodita amara al muchacho. El caso es que el desgraciado Adonis no sobrevivió y Afrodita se sumió en una pena muy profunda. Se dice que las rosas se volvieron rojas cuando ella, que acudía en auxilio del joven cazador, se clavó una espina en el pie y su sangre manchó la blancura de las flores.

Por mucho que llorase, nada podía devolverle a su amado. Bión, poeta del periodo helenístico que se caracteriza por sus composiciones bucólicas, nos muestra su angustia en el Canto fúnebre por Adonis. Hay varios textos de otros autores de la época en los que se habla de la relación entre Afrodita y el joven, pero este me ha parecido interesante porque parece que, de alguna forma, se cierra un círculo: Afrodita se quedó con el amor del muchacho mientras vivía, pero ahora este debe ir al Hades… y, por tanto, regresar junto a Perséfone.

 

[…] φίλημα δ τοτο φυλάξω

ς ατν τν δωνιν, πε σύ με δύσμορε [φεύγεις,

φεύγεις μακρν δωνι, κα ρχεαι ες [χέροντα

πρ στυγνν βασιλα κα γριον, δ [τάλαινα

ζώω κα θες μμ κα ο δύναμαί σε διώκειν.

λάμβανε Περσεφόνα τν μν πόσιν: σσρ ατ

πολλν με κρέσσων, τ δ πν καλν ς σ [καταρρε:

(Bio Fr.)

 

 

[…] Guardaré este beso como si fuera el propio Adonis, porque tú, desdichado, huyes de mí, huyes lejos, Adonis, y te diriges al Aqueronte, junto al odioso y cruel rey, mientras que yo, desgraciada, vivo y soy una diosa y no puedo seguirte. Perséfone, toma a mi esposo, pues eres más poderosa que yo. Todo lo bello hacia ti desciende.

 

Un amor sin límites

© Gô Nagai 1999

Antes de centrarme en cómo se adapta el mito de Adonis, os pongo en situación. Poseidón, enfurecido porque Afrodita es aliada de los humanos, decide matarla y, para ello, le envía un terrible monstruo: la hidra, una criatura casi imposible de vencer por su extraordinaria fuerza. Sin embargo, la diosa no está sola. Cuenta, por supuesto, con la ayuda de Z Mazinger y Koji Kabuto, pero también de los científicos que están a las órdenes del padre de Sayaka, quienes construyen un acorazado para la lucha. Y, por supuesto, también acude Adonis —que aquí es un dios—, llevado por el amor que siente hacia Afrodita. Esa adoración le impide quedarse de brazos cruzados: se presenta en la contienda a lomos de Pegaso, dispuesto a cualquier cosa con tal de salvar a su amada.

Hay varias cosas del mito que permanecen en la versión de Gô Nagai. Para empezar, ese amor tan intenso, que lleva a Adonis a enfrentarse a una de las bestias mecánicas más poderosas —Afrodita, de hecho, menciona que lo que le gusta de los humanos es, precisamente, que no han perdido la capacidad de amar de verdad—. Pero también su belleza, que, al igual que en la historia original, cautiva a varios dioses, solo que esta vez no encandila a Perséfone… sino a Ares, el temible dios de la guerra. En este caso, se produce cierta inversión con respecto al mito: el objeto de amor de esta divinidad no es Afrodita, sino Adonis. No siente celos del chico, sino de la diosa, que se lo ha robado. Por un lado, su papel es contrario al que tiene en la mitología; por otro, parece mantenerse en él la pasión que el joven cazador despertó en Perséfone.

© Gô Nagai 1999

Sin embargo, no es el único elemento que se invierte. En el caso de Z Mazinger, Adonis no es el blanco de la ira de ningún dios, sino Afrodita. Es a ella a quien le mandan una bestia —marina en este caso; no hay rastro del jabalí— para acabar con su vida. Y es el muchacho el que quiere salvarla, por imposible que parezca la tarea. Eso sí, la historia tiene un final tan triste como el del mito: Adonis muere doblegado por el monstruo y Afrodita lo llora. Pero no solo ella; también lo hace Ares, que, furioso, se dirige al planeta de Hades para pedirle ayuda en su venganza. Da la impresión de que todo lo que tiene que ver con el dios de la guerra se ha modificado para hacer que la historia continúe: su rabia es el punto de partida para los siguientes peligros a los que se enfrentan Koji, Z Mazinger, Afrodita y los demás. Por cierto, al final del eposiodio podemos ver, en cierta manera, a Perséfone: las legiones de Hades se unen a Ares contra Afrodita. La diosa del amor está enfrentada con el inframundo a causa de Adonis, solo que el motivo es un poquito diferente. La rivalidad se produce a posteriori, cuando el joven ya ha muerto y Ares quiere resarcirse, y quien está enamorado de él es el propio dios de la guerra, como ya hemos mencionado. La esposa del dios de la muerte no aparece en el manga.

De héroes y caballos alados, de dioses y samuráis

© Gô Nagai 1999

Al margen de la historia de Adonis y Afrodita —sobre la que, como veis, había bastante que decir—, me gustaría comentar algunos aspectos más sobre la forma en la que Gô Nagai utiliza los mitos griegos. Ya hemos visto varias veces en el blog que, por lo general, en muchos mangas los autores mezclan varios mitos, algo bastante habitual en la cultura popular. Pues bien: este capítulo de Z Mazinger no es una excepción. No solo por el hecho de que la hidra, Afrodita y Adonis aparezcan en un mismo episodio —que también—, sino porque en el hermoso joven conviven diferentes historias de la mitología. Cuando Adonis aparece para ayudar a su amada, lo hace a lomos de un caballo muy célebre: Pegaso, que, con sus alas, surca el cielo y le permite atacar al monstruo desde el aire. Pero su corcel no tiene nada que ver con el cazador original, no aparece en su historia. Sin embargo, en Z Mazinger Adonis no es solo un muchacho muy bello que disfruta de la caza y los amores de Afrodita, sino una suerte de héroe que se dispone a acabar con una terrible bestia —o, al menos, a participar en la hazaña—. En este sentido, puede recordarnos a otro héroe que sí combatió a lomos de Pegaso: Belerofonte. Fue el héroe que acabó con la quimera, y lo hizo con la ayuda del caballo alado. Os hablé de su historia aquí. En ocasiones, también se asocia con él a Perseo, quien venció a Medusa: cuando el héroe decapitó a la gorgona, Pegaso nació del cuello de esta. Hay bastantes obras de arte en las que se ve a Perseo montado en el caballo y salvando a Andrómeda, su futura esposa, de una bestia marina, aunque en muchas fuentes clásicas se dice que huyó de la guarida de Medusa utilizando las sandalias aladas que le había concedido Hermes. Lo que está claro es que muchos personajes se asocian con Pegaso y la lucha contra terribles bestias, sean marinas o no.

Andrómeda y Perseo, de Pierre Mignard (1679)

Por otra parte, Gô Nagai no solo mezcla diversas historias de la mitología grecolatina, también hace algo muy frecuente en los mangas: unir en las viñetas nuestra cultura clásica y la del país del sol naciente. Hace un tiempo, en la entrada sobre la hidra, comenté las referencias que había a la gesta de Susanoo, el dios que acabó con la terrible serpiente de ocho cabezas Yamata-no-Orochi. No obstante, aparte de eso quiero fijarme en la apariencia de algunos de los dioses mecánicos que aparecen en el episodio, especialmente en Ares, enfurecido por el final de Adonis. Da la impresión de que lleva una armadura samurái, y su rostro puede recordarnos al de ciertas criaturas del folclore japonés, como los oni, una especie de ogros o demonios.

© Gô Nagai 1999

Con esto termino la entrada de hoy. 😊 ¡Espero que os haya gustado! Aún me quedan cosas que decir sobre Z Mazinger y Gô Nagai, así que en el futuro les dedicaré más entradas. Por otra parte, siento haber tardado tanto en aparecer por aquí, pero junio está siendo un mes bastante ajetreado, para variar. 😅 Por suerte, estoy terminando ya varias cosas que tenía pendientes y espero poder dedicarle un poco más de tiempo al blog. Dicho esto, os espero dentro de unos días con una nueva reseña. ¡Hasta entonces!

 

Bibliografía

Aquí os dejo una lista de las referencias que me han servido para escribir la entrada. 😊

Grimal, Pierre (1981). Diccionario de mitología griega y romana (trad. de Francisco Payarols), Barcelona: Paidós.


jueves, 30 de septiembre de 2021

Manga y mundo clásico: vencer a los monstruos

Hace unos meses, os dije que Gô Nagai, su famosísimo robot Mazinger Z y laAntigüedad grecolatina tenían bastante relación, más de la que parece a simple vista. Pero no solo en la historia original, en la que la civilización micénica posee una tecnología muy avanzada que le permite crear gigantes mecánicos. En Z Mazinger, publicado en España por RBA, Nagai reimagina su propio universo para vincularlo no con el pasado de los griegos, sino con la mitología clásica. Esta vez, no es en Micenas donde surgen esos gigantescos robots: son los cuerpos mecánicos de unos dioses que en Occidente conocemos bastante bien. Zeus, Afrodita, Poseidón, Hades… Todos ellos aparecen con un aspecto muy distinto al que tenemos en mente. De hecho, Z Mazinger, el robot pilotado por Koji Kabuto en esta nueva aventura, tiene su origen en el cuerpo de Zeus.

© Gô Nagai 1999.

¿Y qué sucede en esta ocasión? Algunos de esos dioses —que, por cierto, tienen su Olimpo particular en el espacio exterior— quieren acabar con la Tierra; otros desean protegerla. Zeus y Afrodita están en el segundo bando; el resto, en el primero. Y así, poco a poco, va transcurriendo la historia del manga: tras el descubrimiento en Japón de unas ruinas que parecen griegas —donde se encuentra el cuerpo de Zeus, que, una vez modificado, se convierte en Z Mazinger—, Koji Kabuto se propone proteger a la humanidad con ayuda de Afrodita, mientras el resto de los dioses hacen todo lo posible por sembrar el caos y la destrucción en el planeta Tierra. Son muchos los personajes de la mitología grecolatina que aparecen en el manga, reinterpretados por Gô Nagai para hacer más emocionante su historia, y hay bastante que destacar sobre ellos. Pero hoy me voy a centrar en un episodio concreto: el de la hidra de Lerna, ahora un monstruo mecánico que aparece de repente en Japón. En él se ve, una vez más, cómo los mangakas son capaces de ofrecernos una nueva lectura sobre nuestros clásicos sin dejar a un lado su propia forma de ver el mundo. Como siempre, una advertencia: hay spoilers de la trama, así que, si no habéis leído Z Mazinger y tenéis intención de hacerlo, podéis volver cuando hayáis terminado. 😊

Un monstruo casi invencible

Hércules y la hidra de Lerna, de
Gustave Moreau (1876).

Comencemos hablando de la hidra de Lerna, que nació de la unión entre Tifón y Equidna. El primero era mitad hombre y mitad fiera, tenía un enorme tamaño y causó muchos problemas a los dioses olímpicos. La segunda, por otro lado, tenía parte de mujer y parte de serpiente. Dos padres monstruosos para una criatura terrible, una de las más famosas dentro de la mitología grecolatina. Esta serpiente gigante tenía varias cabezas —cuyo número depende de la versión que se consulte: unos autores afirman que eran cinco o seis, mientras que otros la imaginan con cientos de ellas— con una característica que hacía a la hidra prácticamente invencible: cuando se cortaban, de la herida surgían otras nuevas, se multiplicaban. Además, su aliento era especialmente venenoso, mortal para quien se acercase demasiado a ella.

Fue Hera quien crio a esta terrible criatura que tanto daño causaba —destruía cosechas, aniquilaba ganados—. Y lo hizo por una razón muy simple: celos. E ira. Había un héroe al que ella odiaba especialmente y al que sometió a prueba desde su nacimiento: Heracles/Hércules. Era hijo de Zeus y de Alcmena, una mortal, algo que Hera no podía soportar —recordad que su esposo la engañaba continuamente—. La diosa no solo intentó acabar con la vida de Hércules poco después de su nacimiento mandándole un par de serpientes a la cuna, también lo enloqueció. Esa locura lo llevó a matar a su esposa Mégara y a sus hijos. Aunque no lo hizo voluntariamente, se vio obligado a purificar sus crímenes: fue entonces cuando, siguiendo el mandato del oráculo de Delfos, el rey Euristeo le impuso sus famosos doce trabajos. La hidra de Lerna debía servir como prueba para ese héroe al que Hera tanto detestaba —de hecho, fue su segundo trabajo—. Y, contra todo pronóstico, la derrotó.

Hesíodo, en su Teogonía, nos habla de la hidra, su nacimiento y su final cuando se refiere a la descendencia de Tifón y Equidna:

 

τ τρίτον δρην ατις γείνατο λυγρ [δυαν

Λερναίην, ν θρέψε θε λευκώλενος ρη

πλητον κοτέουσα βί ρακληεί.

κα τν μν Δις υἱὸς νήρατο νηλέι χαλκ

μφιτρυωνιάδης σν ρηιφίλ ολά

Ηρακλέης βουλσιν θηναίης γελείης.

 

(Hes. Th. 313-318).

 

 

En tercer lugar, a su vez engendró a la perversa hidra de Lerna, a la que alimentó la diosa Hera, de blancos brazos, increíblemente irritada con el robusto Heracles. Y a esta el hijo de Zeus, Heracles el Anfitriónida, la mató con su implacable bronce, con la ayuda del guerrero Yolao, según la voluntad de Atenea, que ama los botines.

 

Y Ovidio, en sus Metamorfosis, permite que sea el propio Hércules quien se vanaglorie de su hazaña. Al principio del libro IX, el héroe se enfrenta con el río Aqueloo por la mano de Deyanira, quien terminó convirtiéndose en su esposa. Aqueloo podía transformarse, pero eso no fue un impedimento para que el héroe lo venciese. En este pasaje, Hércules se burla de él por haberse convertido en una serpiente, criatura a la que él puede derrotar con facilidad porque se ha enfrentado a la más poderosa de todas: la hidra de Lerna.

 

«cunarum labor est angues superare [mearum»,

dixit, «et ut vincas alios, Acheloe, dracones,

pars quota Lernaeae serpens eris unus [echidnae?

Vulneribus fecunda suis erat illa, nec ullum

de centum numero caput est inpune [recisum,

quin gemino cervix herede valentior esset.

Hanc ego ramosam natis e caede colubris

crescentemque malo domui domitamque [perussi.

Quid fore te credas, falsum qui versus in [anguem

arma aliena moves, quem forma precaria [celat?».

 

(Ov. Met. IX, 67-76).

 

 

«Es mi tarea desde la cuna vencer a serpientes», dijo, «y, aunque derrotes, Aqueloo, a otros dragones, ¿qué parte serás tú, una única serpiente, de la hidra de Lerna? Fecunda por sus heridas era aquella, y ni una cabeza de las innumerables que tenía le fue cortada impunemente; es más, su cuello se hacía más fuerte, pues le salían dos sucesoras. A esta yo, aunque le nacían culebras como ramas tras cortarlas y se fortalecía con su mal, la derroté y, derrotada, la quemé. ¿Qué crees que será de ti, que, transformado en una falsa serpiente, empleas armas ajenas y te oculta una forma precaria?».

 

 

Heracles y la hidra de Lerna.
© The J. Paul Getty Museum.

Eso sí, por mucho que se enorgulleciera de su hazaña, la lucha contra el monstruo no fue nada fácil. De hecho, Euristeo ni siquiera lo consideró un trabajo válido porque había contado con la ayuda de su sobrino Yolao, quien lo acompañó en otras muchas de sus hazañas. Como cada vez que le cortaba una cabeza estas le volvían a crecer, le pidió al joven que cauterizara las heridas del monstruo. Fue así como logró salir victorioso. Pero no fue esa la única dificultad a la que tuvo que hacer frente el héroe. Según algunas versiones, Hera, no contenta con haber criado a la hidra, le envió un cangrejo gigante para que lo atacara y Hércules muriera en batalla. Por supuesto, también lo venció. Posteriormente, el animal fue transformado en la constelación de Cáncer.

Heracles y la hidra de Lerna. 
© The Trustees of the British Museum
.

Pese a que la muerte de la terrible hidra de Lerna no se tuvo en cuenta para la purificación de Hércules, fue un trabajo determinante en su futuro. Una vez muerto el monstruo, empapó sus flechas en ese veneno que con tantos había acabado. Estas le sirvieron para matar a algunos de sus enemigos, pero también fueron la causa de su muerte… Un día que Hércules y su esposa Deyanira debían atravesar un río, el héroe se la encargó a Neso, un centauro, para que la ayudara a cruzar mientras él lo hacía a nado. Sin embargo, este intentó violar a la joven. Hércules lo mató con una de sus flechas envenenadas. Neso, antes de morir, le dijo a Deyanira que guardara un poco de su sangre, pues podía emplearse como un poderoso filtro amoroso, y que la utilizara cuando sintiese que el amor de Hércules por ella se debilitaba. Así sucedió cuando el héroe se encaprichó de Yole. Deyanira siguió los consejos del centauro, sin saber que su sangre envenenada le causaría tal sufrimiento a su esposo que este pediría que lo quemasen en una pira y, de esa forma, terminar con su agonía.

La hidra japonesa: Susanoo y Yamata-no-Orochi

Como ya he adelantado al principio, Hércules y la hidra no son los únicos presentes en el episodio de Z Mazinger que voy a comentar hoy: también se menciona un mito de la cultura japonesa. Concretamente, un episodio protagonizado por el terrible Susanoo, del que ya os hablé en la entrada que le dediqué al mito de Apolo y Dafne en Olympus no Pollon. La historia que os voy a contar ahora también aparece recogida en el Kojiki, la primera obra literaria de Japón.

Susanoo, después de ser expulsado del cielo, bajó a la tierra, concretamente a Torikami, un lugar bañado por las aguas del río Hi, en la provincia de Izumo. El dios se percató de que allí vivía alguien porque logró atisbar unos palillos que arrastraba la corriente, así que se dirigió río arriba para encontrar a los habitantes de aquel sitio. Desde luego, no esperaba encontrarse a una pareja de ancianos y a una joven que lloraban a mares, un dios terrenal y su familia, que vivían en la desgracia por culpa de una terrible serpiente de ocho cabezas: Yamata-no-Orochi. La criatura había ido arrebatándole al dios a varias de sus hijas, una cada año. La joven que lloraba a su lado era la última de ellas, y temían que Orochi volviese a por ella para devorarla.

Susanoo y Yamata-no-Orochi, de Toyohara Chikanobu (ca. 1870).

Susanoo aceptó ayudarlos a cambio de que le permitieran casarse con la muchacha. Una vez llegaron a un acuerdo, les dio una serie de instrucciones para poder vencer al monstruo: debían preparar un aguardiente que hubiera fermentado durante ocho días y llenar con él ocho barriles. Después, tenían que levantar un vallado circular con ocho puertas, en las que habrían de colocar los barriles. El dios terrenal y su familia obedecieron sin rechistar.

Poco después, apareció Orochi, dispuesta a llevarse consigo a la muchacha. Sin embargo, no lo logró gracias al plan de Susanoo: nada más llegar al vallado, se bebió todo el aguardiente que habían preparado, se emborrachó, se dejó vencer por el sueño. Y fue entonces cuando Susanoo aprovechó para descuartizarla. Sin embargo, cuando estaba cortando su tronco, se le rompió la espada: en su interior, Orochi guardaba otra aún más increíble, la gran espada Kusanagi, que el dios Susanoo rescató de sus entrañas para ofrecérsela a su hermana Amaterasu en señal de respeto.

Zeus y Afrodita al rescate

© Gô Nagai 1999.

Ahora, por fin, voy a centrarme en el manga de Gô Nagai. Y es que podría decirse que en Z Mazinger se revisita ese segundo trabajo de Hércules de una forma muy particular: integrándolo en una trama llena de acción y robots gigantes, modificando determinados aspectos del mito y mezclándolo con ciertos elementos de la cultura japonesa. 

Comencemos por la propia hidra. En Z Mazinger, no pertenece al linaje de Tifón y Equidna: es un monstruo mecánico integrado en el ejército de Poseidón. Así, es el propio dios del mar quien la envía a Japón. Hera ni siquiera aparece. Como acabamos de ver, la hidra no tiene demasiada relación con Poseidón, pese a ser una criatura vinculada con el agua —vivía en el lago de Lerna—. Sin embargo, el dios del mar era bastante dado a enviar monstruos marinos cuando quería vengarse o castigar a los mortales. Si no, que se lo digan a Andrómeda, hija de los reyes de Etiopía, a la que estuvo a punto de matar una de esas bestias porque su madre había osado comparar su belleza con la de las nereidas. O a Laomedonte, rey de Troya, a quien Poseidón le mandó una terrible criatura como castigo por no haberle pagado el salario que les correspondía a él y Apolo cuando construyeron las murallas de la ciudad. En el manga, Poseidón también quiere vengarse de alguien: Afrodita, a la que Gô Nagai convierte en su hija.

© Gô Nagai 1999.

La hidra mecánica de Z Mazinger es, al igual que la griega, un monstruo terrible. Afrodita alude a su fuerza y deja bien claro que es muy difícil vencerla, casi imposible. En el mito original, es Hércules el encargado de acabar con ella, un héroe con una fuerza sobrehumana; en el manga de Gô Nagai, son dos los dioses mecánicos que le hacen frente: Z Mazinger y la propia Afrodita, que al principio desea ir sola para terminar con la bestia. Un sacrificio que puede recordar vagamente al de doncellas como Andrómeda, a la que acabo de mencionar: era su muerte la que podía aplacar a los monstruos de Poseidón, salvo que un héroe acudiese en su rescate. En el caso de Andrómeda, fue Perseo, que petrificó a la bestia marina utilizando la cabeza de Medusa. De todas formas, lo importante aquí es que, al igual que no es una persona cualquiera la que vence a la hidra, no basta con un único dios mecánico para derrotarla.

¿Qué más tienen en común el mito original y la versión de Gô Nagai? Que los héroes no están solos en su tarea. Hércules contaba con Yolao, alguien bastante cercano a él. Y lo mismo sucede con Z Mazinger y Afrodita, solo que, en su caso, no se trata de un familiar: quien acude en su ayuda es Adonis, enamorado de la diosa y capaz de hacer cualquier cosa por ella. Hay bastante que decir sobre la forma en que se traslada el mito de este personaje a Z Mazinger, pero me lo reservo para otro día. De momento, solo os digo que Adonis es uno de los amantes mortales de Afrodita más famosos y que su historia termina en la muerte; sucede lo mismo en el manga de Gô Nagai. 

Grecia y Japón: contra el Olimpo espacial

© Gô Nagai 1999.

Pero Z Mazinger y Afrodita no solo reciben la ayuda de Adonis para vencer a la hidra mecánica. También Japón se une a ellos para derrotar, una vez más, a ese Olimpo espacial que pretende acabar con los seres humanos. Y lo hace tomando como referencia su propia cultura y utilizando, a la vez, las armas de los dioses mecánicos contra ellos. El padre de Sayaka y sus científicos, después de estudiar a la Afrodita mecánica y a otros muchos monstruos enviados por el Olimpo a la Tierra, logran construir un acorazado capaz de luchar tanto bajo el mar como en la superficie. ¿Y qué nombre le ponen? El de Susanoo, el dios que terminó con la terrible Orochi. La hidra mecánica es una amenaza muy grave, al igual que la serpiente de ocho cabezas del mito nipón. 

Y los misiles de Susanoo son tan efectivos como el plan que se narra en el Kojiki. De hecho, son estos artefactos los que inutilizan el mecanismo que permite la regeneración de la hidra. Aunque Adonis haya acudido en ayuda de Z Mazinger y Afrodita, en realidad es el acorazado el que cumple con el papel de Yolao, tan importante para que Hércules saliera victorioso. Recordemos que fue el joven el que se encargó de cauterizar las heridas de la criatura.

© Gô Nagai 1999.

Japón y parte de la mitología griega —¡el padre de los dioses, ni más ni menos, además de una de las diosas más importantes!— se unen para acabar con un otro amenazante y demasiado cruel. En este sentido, creo que se le pueden aplicar a Z Mazinger algunas de las interpretaciones que ciertos estudiosos habían hecho de Mazinger Z —podéis leer el artículo aquí—. La propia Afrodita afirma que, en tiempos antiguos, el Olimpo era un lugar pacífico y lleno de amor. Sin embargo, las guerras lo corrompieron. Para poder sobresalir en batalla, los dioses fueron desarrollando cuerpos mecánicos, es decir, emplearon la tecnología para hacer daño. Así, me parece que se puede ver en esta historia ese planteamiento sobre el progreso que algunos creían leer en Mazinger Z: ¿para qué sirven los avances tecnológicos? ¿Cómo debemos emplear la tecnología? De nuevo, Z Mazinger y Koji, a los que se une Afrodita, optan por proteger a la humanidad y salvar la Tierra, un planeta en el que aún puede encontrarse ese amor que el Olimpo ha perdido. Por su parte, el resto de los dioses están ciegos de odio y emplean su poder para destruir. De esta forma, nuestros clásicos servirían como base para hacer una reflexión sobre nosotros mismos, nuestras ambiciones y nuestra manera de avanzar hacia el futuro.

Al ser Z Mazinger una nueva versión de la historia, es posible que esas interpretaciones que se hicieron de la obra original de Gô Nagai permanezcan en esta. De todas formas, sin importar la lectura que extraigamos del manga, lo que sí puede afirmarse con total seguridad es que Nagai emplea de nuevo la cultura grecolatina —concretamente, la mitología— para darle forma a su propio universo, ofrecernos otra versión de su famoso robot y contarnos una historia llena de acción y aventuras.

 

Con esto termino la entrada de hoy. 😊 ¡Espero que os haya gustado! Volveré en el futuro a Z Mazinger: me he dejado muchas cosas en el tintero y todavía hay bastante que decir sobre la forma en que Gô Nagai reinterpreta la mitología griega para escribir y dibujar su manga. Dicho esto, os espero dentro de muy poco con una entrada especial con motivo del #LeoAutorasOct, una iniciativa que busca reivindicar el trabajo de las escritoras y que propone leer, durante el mes de octubre, obras escritas por mujeres y personas de género no binario. ¡Hasta entonces! 😊

 

Bibliografía

Como siempre, aquí tenéis una lista de las referencias que me han servido para escribir la entrada, por si las queréis consultar. 😊

Grimal, Pierre (1981). Diccionario de mitología griega y romana (trad. de Francisco Payarols), Barcelona: Paidós.

Rubio, Carlos & Tani Moratalla, Rumi (trads.) (20183). Kojiki. Crónicas de antiguos hechos de Japón, Madrid: Trotta (primera ed., 2008).